sábado, 10 de marzo de 2018

ENTREVISTA CON SHEILA TAORMINA

La única deportista olímpica en tres modalidades diferentes (natación, triatlón y pentatlón) presenta la segunda edición de su libro Swim Speed secrets.

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Nadar más rápido en todos los estilos empieza con una referencia a cómo dominar un deporte a partir de las diez mil horas de entrenamiento. Usted nadó unas doce mil horas antes de entrar en el equipo olímpico. ¿Cuántas horas llevará ya?
SHEILA TAORMINA: No soy una firme defensora de la regla de las diez mil horas. Creo mucho más en una práctica decidida y deliberada. En otras palabras, si una persona practica concienzudamente más de tres mil horas, creo que es más valioso que hacer diez mil horas de forma mecánica. Dicho esto, pienso que cuanta más práctica se tenga, mejor se llega a ser, asumiendo que haya tiempo suficiente para recuperarse del ejercicio. Una persona necesita descansar después de periodos de prácticas muy específicos. Si no descansa, puede terminar quemada o sobrecargada.
No sé exactamente cuántas horas he practicado entre 1996 y 2018 porque no hice ningún deporte entre 1996 y 1998, y desde 2008, cuando me retiré de los deportes competitivos, he sido muy irregular con mi rutina de nado. Supongo, no obstante, que durante mis años de triatlón (desde 1999 a 2004) nadé una media de seis horas a la semana durante 48 semanas. Esto suma 288 horas al año. Si lo multiplicamos por cinco años, eso da alrededor de 1.440 horas de nado durante mis años de triatlón. En mis años de pentatlón entrené algo menos de natación, así que calculo unas cinco horas a la semana durante las mismas semanas. Eso son 240 horas al año. Estuve en pentatlón desde 2005 a 2008, así que esto son 4 años por 240 = 960 horas. Si sumamos las 960 horas de los años del pentatlón más las 1.440 del triatlón, tenemos 2.400 horas de nado entre 1999 y 2008. Desde ese año habré nadado unas dos horas a la semana durante cincuenta semanas, lo que supone cien horas al año. Estoy sorprendida… no está nada mal. No era consciente de lo mucho que he nadado. Esto suma un total de mil horas de natación desde que me retiré de la competición. Por tanto, unas 3.400 horas desde 1996.

A.L.: En su libro ha explicado perfectamente las teorías de los vórtices en el agua de Cecil Colwin y la teoría de la resistencia de Ernest Maglischo. Reconoce la importancia de los dos paradigmas. En todo caso, ¿cuál de ellos elegiría si tuviera que enfatizar solo uno?
S.T.: Las teorías de Colwin y de Maglischo son valiosas, pero si tuviera que elegir una me quedaría con la de Maglischo. Creo que un nadador acelera el agua hacia atrás para tomar impulso hacia adelante del mismo modo que un reactor de propulsión. Tenemos que tener en cuenta que la resistencia y la tercera ley de Newton en un fluido es diferente a como funciona con los sólidos. Con un fluido, tiene que haber aceleración (un cambio de velocidad). En la nueva edición de mi libro Swim Speed Secrets, que salió hace unos días, profundizo en el cambio de velocidad de la mano.
También me gustaría reconocer la teoría de los vórtices de Colwin porque me gusta la idea de la acción rotatoria de las extremidades. La posición del húmero y su articulación con el hombro cambian cuando este progresa a través de las fases propulsoras de la brazada y esto habría que tenerlo en cuenta. Colwin es el único entrenador que conozco que ha desarrollado este tipo de acción de las extremidades. Por tanto, aunque no estoy de acuerdo del todo con la propulsión de los vórtices, los conceptos rotatorios son muy importantes.

A.L.: ¿Cómo han evolucionado los entrenamientos? Se entrena más y los tiempos siguen bajando...
S.T.: Hay un debate muy interesante en los círculos de la natación sobre cuánto entrenamiento es ideal. No creo que los tiempos estén mejorando por el aumento del volumen de trabajo. Ahora mismo estoy llevando a cabo un estudio de la Universidad de Georgia sobre los planes de entrenamiento de los equipos de natación. Estoy comparando los planes de entrenamiento de 1993-1994 (cuando Georgia era un buen equipo, pero no era excepcional y nunca tuvo una medalla olímpica) con los de 2015-2016 (cuando Georgia ha ganado siete campeonatos de la NCAA y ha metido a siete nadadores en el equipo olímpico de Río). No he terminado el estudio, así que no puedo hacer afirmaciones categóricas, pero ya tenemos algo. Hay una gran diferencia en el entrenamiento de las piernas. La patada se valora y se entrena mucho más ahora que en los ochenta y en los noventa. Una patada de calidad que dé potencia es una gran característica en los entrenamientos actuales. Creo que los nadadores consiguen mucho más de la “tracción trasera”.
Por último, los ejercicios de fuerza de los nadadores (el entrenamiento en el gimnasio) es mucho más sofisticado ahora.

A.L.: ¿Cuántas brazadas se recomiendan antes de respirar? Los nadadores suelen respirar para observar a los rivales, así que también querría preguntarle si estos deberían centrarse en la técnica de nado o en controlar a sus contrincantes.
S.T.: Parece que los nadadores de ahora respiran con más frecuencia que en el pasado. Con la excepción del cincuenta metros a estilo libre (durante el cual se respira una o dos veces nada más), los atletas suelen respirar cada brazada a un lado, o alternan la respiración cada tres brazadas. Incluso en las pruebas de cien metros algunos nadadores respiran cada brazada, mientras que otros respiran cada dos ciclos completos de brazos (cada cuatro brazadas). Esto me sorprendió mucho. Mi opinión es que desde que los nadadores tienen más masa muscular (por los entrenamientos de fuerza que ya he mencionado), necesitan más oxígeno para los músculos. Aquí no me remito a ninguna investigación, solo se trata de mi opinión.
Los estudios muestran que la velocidad hacia adelante disminuye cuando se respira, así que el análisis coste-beneficio dice, como resulta obvio, que el oxígeno que va a los músculos es más importante que el ligero descenso de la velocidad.
No estoy de acuerdo con los atletas que respiran con mayor frecuencia por los beneficios psicológicos de ver la competición. Los nadadores pueden saber cómo se desarrolla la competición sin necesidad de hacer respiraciones adicionales para calcular su posición. Por ejemplo, en la mariposa y en la braza, si hubiera una ventaja psicológica significativa al ver la prueba, entonces los atletas girarían la cabeza hacia el lado cuando la sacan del agua. No vemos que lo hagan con frecuencia. Los nadadores ven a los rivales a estilo libre porque es más eficiente girar la cabeza al lado durante la brazada. En resumen, los atletas respiran con tanta frecuencia como necesiten para obtener la cantidad óptima de oxígeno y no calculan el número de respiraciones en base a la frecuencia con la que necesitan ver a los demás nadadores.

A.L.: ¿Cuáles son sus carreras favoritas?
S.T.: Mis carreras favoritas no son las típicas que tenemos en mente cuando pensamos en las Olimpiadas. Desde luego que disfruto con la rivalidad entre los mejores, como Le Clos y Phelps; sin embargo, en las Olimpiadas siempre me inspiran esas eliminatorias en las que el atleta de un país remoto rompe el récord nacional. Puede que no esté tan cerca como para llegar a la final, pero el espíritu de los juegos está vivo cuando vemos a los mejores de cada país dando lo mejor de sí mismos. Se me saltan las lágrimas con esas pruebas. También me encanta ver a los que optan a medalla. La prueba de doscientos metros es mi preferida en todos los estilos, y también los doscientos metros estilos porque ahí es donde hay más estrategia.

A.L.: ¿Qué nadadores nos recomendaría por su espíritu o personalidad?
S.T.: Aleksandr Popov, por ejemplo. Les hablo a los nadadores de él en cada concentración. Hizo cincuenta metros libre en 21.6 segundos hace casi dos décadas y el oro olímpico en 2016 estuvo en 21.4 segundos. Popov no tenía bañadores especiales ni los trampolines de ahora. Él es un fuera de serie como atleta.

A.L.: ¿Qué estilo ve más prometedor en los próximos años?
S.T.: No sé cómo va a evolucionar la natación en cada campeonato, pero creo que seguirá progresando en general y en las pruebas largas en particular. En las grandes distancias puedo ver a los atletas manteniendo la distancia por brazada mientras entrenan una frecuencia más rápida. Creo que eso es lo que hace Ledecky. En la nueva edición de mi libro muestro que la distancia por brazada es un efecto de la mecánica de la brazada, es decir, hasta dónde se desplaza el cuerpo como resultado de la acción de la brazada. En cuanto a la frecuencia, es un efecto de los entrenamientos. De ahí que diga: “El entrenamiento importa”. Los nadadores no pueden mantener la distancia por brazada y la frecuencia a menos que entrenen para lograr esa combinación. Algunos nadadores mantendrán esos ritmos durante la mitad de la carrera e incluso un poco más, pero aquellos que entrenen para mantenerlo más tiempo batirán los récords. Escuché que Popov entrenó de esta manera incluso para el cincuenta metros libre. Él no permitió que la frecuencia bajara ni siquiera en los dos o tres ciclos de brazadas finales.

A.L.: He leído que la lectura y la natación son bastante similares porque son actividades solitarias y muy gratificantes. Necesitamos una buena novela sobre la natación.
S.T.: Nunca he pensado en las similitudes entre la natación y la lectura o la escritura. Tienes razón. Ambas me encantan por las características que señalas. Me sumo a tu esperanza de que un día haya una gran novela sobre la natación.

9 de marzo
Andrés Lomeña

jueves, 1 de marzo de 2018

CONTRA LA LECTURA: ENTREVISTA CON MIKITA BROTTMAN

La autora de Contra la lectura (Blackie Books, 2018) nació en Sheffield en 1966. Es doctora en literatura inglesa, psicoanalista y profesora en el Maryland Institute College of Art, en Baltimore.

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Contra la lectura empieza con una comparación entre los placeres de la lectura y las consolaciones de la masturbación. Sé que el título no tiene que leerse de forma literal, ya que usted defiende el acto de lectura, pero no su idealización sistemática. Me pregunto qué tipo de reacciones ha provocado el libro en profesores, pedagogos y otras personas de humanidades.
MIKITA BROTTMAN: Cualquiera que lo haya pensado un instante, sabe que en realidad no me opongo a la lectura. La mayoría de personas con algo de juicio se dieron cuenta de que el título no iba en serio. Las personas de humanidades que han leído y analizado la obra parecían estar de acuerdo conmigo, al menos la gente de la universidad. Creo que muchos lo ven del mismo modo que yo: están cansados de la presuposición irreflexiva de que la lectura, por su propia naturaleza, es virtuosa. También creo que muchos temen decirlo.

A.L.: Su argumento principal es que el acto de lectura no desemboca necesariamente en la mejora del ser humano. Agradezco de veras su mordacidad porque creo que el humanismo es bastante ingenuo a la hora de destacar el valor social de la literatura. ¿Cuál ha sido la razón principal para concebir su proyecto? No sé si prima su enfado hacia los profesores de literatura que tuvo, lo ridículo que le parecen los clubes de lectura o el hartazgo del elitismo interpretativo en la literatura.
M.B.: Pues justo todo lo que estás señalando. Quería poner este fetichismo de la lectura en un contexto cultural e histórico más amplio para mostrar que el acto de leer solo se ha considerado virtuoso desde hace muy poco (antes era malo, o una pérdida de tiempo, o pecaminoso). Así bajarían a La Tierra algunos. Quería ofrecer un contrapeso. Además, quería recordar que la lectura puede ser muy poco práctica y que no te hace forzosamente más feliz ni mejor persona. Es suficiente con que nos proporcione placer. No hay necesidad de justificarla en base a ese humanismo social del que hablas.

A.L.: Cumbres borrascosas fue una mala herramienta para su educación sentimental. En mi caso, El guardián entre el centeno no consiguió el efecto deseado. Además, Werther me transmitió una idea totalmente equivocada sobre el amor. ¿No será que usted quería atacar el idealismo y el romanticismo en la literatura?
M.B.: Estoy convencida de que hay un momento para el idealismo y para el romanticismo. Ese momento se da cuando eres más mayor y has experimentado el amor y las relaciones románticas, y necesitas algo sobre lo que fantasear; así puedes seguir creyendo en esas ideas y recordar días llenos de pasión. Cuando eres una chica y no has tenido una sola relación, no creo que sea de mucha ayuda creer que vas a conocer a una persona especial a la que serás fiel toda la vida. Ahí necesitas dosis de realismo. Cuando eres más mayor y también más cínico respecto a la condición humana, entonces te viene bien el idealismo.

A.L.: En su libro rescata una historia muy divertida de David Lodge en la que unos profesores de literatura confiesan las grandes obras maestras que no han leído. Uno de ellos menciona Hamlet y su trayectoria académica se va al traste. ¿Qué grandes novelas no ha leído? No tenga miedo, yo aún no he podido con Ana Karenina, El conde de Montecristo o Grandes esperanzas...
M.B.: ¡Hay muchas! No creo que sea algo de lo que avergonzarse. Cada uno tiene sus gustos. He intentado leer Finnegan's Wake más de una vez y nunca llegué muy lejos. Lo mismo con el Ulysses. Tampoco he leído El conde de Montecristo ni Robinson Crusoe. Nunca he leído las obras históricas de Shakespeare. Me cuesta leer obras poco narrativas sin muchos personajes femeninos. Es solo mi gusto personal.

A.L.: ¿Qué piensa de los derechos del lector de Daniel Pennac?
M.B.: Pennac se dirige a una mayoría que se siente culpable porque no disfruta con la lectura o no lee lo suficiente. Yo me dirijo a una minoría que lee demasiado. No me gusta su “derecho a leer en voz alta” porque eso puede ser muy molesto, del mismo modo que puede ser molesto que alguien haga ruido, ya sea un bebé llorando o un adulto hablando por el móvil. No hay nada especial en el ruido de alguien que lee. ¡Guárdatelo para ti!

A.L.: Sé que esto no es una competición, pero tengo que preguntarle cuántos libros lee al año.
M.B.: Esta es una de las preguntas que transforman los libros en un fetiche. Nunca he intentado contarlo y no sabría cómo hacerlo. Leo algunos libros de pe a pa, pero qué hacemos con las obras de referencia que no he leído y que consulto. O con las que leí en su mayor parte, pero no terminé. Mi novio y yo nos leemos el uno al otro y alternamos capítulos a diario. ¿He leído esos libros? También escucho muchos audiolibros y he releído un montón de obras. ¿Cómo debería contabilizar?

A.L.: ¿No ha pensado en escribir una secuela? Ya le digo yo el título: La mortificación solitaria. Contra la escritura.
M.B.: ¡Es una gran idea y un título magnífico! La escritura también está idealizada como si fuera una virtud en sí misma, al margen de lo que escribas. Hay numerosos grupos de escritura creativa, talleres, clubes y clases. Hace poco descubrí una tendencia muy popular en Estados Unidos donde un grupo de personas se conoce en una cafetería o en un bar solamente para escribir. Me imagino que la idea de estar juntos servirá de ayuda, pero la escritura es una actividad solitaria. Si quieres escribir, simplemente escribe. No necesitas arreglarte ni salir a conocer gente para escribir. Eso es lo que haces cuando has terminado y necesitas un descanso.

A.L.: Díganos un libro que recomendarías para quedarse dormido.
M.B.: Oblómov de Iván Goncharov.
- Otro para acostarse con alguien.
M.B.: Los 120 días de Sodoma del marqués de Sade.
- ¿Y para reír?
M.B.: A Rationale of the Dirty Joke de Gershon Legman [un análisis cultural e histórico de más de dos mil bromas y cuentos tradicionales].
- Una obra para llorar.
M.B.: Or Not to Be: A Collection of Suicide Notes de Marc Etkind [sobre las notas de suicidio de personalidades como Van Gogh o Sylvia Plath].
- Algo para leer en el váter.
M.B.: Halo in the Sky: Observations on Anality and Defense de Leonard Shengold [un estudio psicoanalítico y literario de la fase anal freudiana].
- Por último, un libro para saber morir.
M.B.: El último recurso de Derek Humphry [un manual para moribundos sobre cómo suicidarse].

1 de marzo de 2018
Andrés Lomeña

jueves, 30 de noviembre de 2017

EL PERIODISTA DE PARTÍCULAS

Me alegra mucho "publicar" este libro digital. He reunido las once entrevistas sobre física que aparecieron en el blog Naukas. Además, he escrito un prólogo donde intento dar coherencia a un proyecto que parecía algo deslavazado. ¡Ahí va!

EL PERIODISTA DE PARTÍCULAS

miércoles, 1 de noviembre de 2017

ENTREVISTA CON STEVE KEEN

Profesor de economía en la Universidad de Kingston, crítico postkeynesiano de la economía neoclásica y experto en la hipótesis de la inestabilidad financiera de Minsky. Es el autor de La economía desenmascarada y una de las voces que anticipó la crisis de 2007. Puedes seguirle y apoyar sus proyectos en www.patreon.com/profstevekeen

ANDRÉS LOMEÑA: En La economía desenmascarada, usted señala que la mayoría de los errores y sesgos de la escuela neoclásica son falacias de agregación. Explica, por ejemplo, que la curva de la demanda no es necesariamente decreciente, sino que puede adoptar casi cualquier forma. ¿Cuál es la crítica a la economía neoclásica más aceptada? ¿Qué reacciones ha tenido su obra?
STEVE KEEN: Tienes razón en que la mayoría de los errores de la economía neoclásica se reducen a falacias de agregación. Hay dos razones para entender por qué sucede esto. En primer lugar, los neoclásicos lo intentan derivar todo de sus elegantes fundamentos microeconómicos, que son empíricamente falsos. Sabemos por la teoría de sistemas complejos que eso no se puede hacer: “La psicología no es biología aplicada”, por citar al Nobel de Física Philip Anderson. En segundo lugar, incluso si esas inferencias fueran posibles, imposibilitaron las agregaciones al partir de una teoría subjetiva del valor.
Los jóvenes estudiantes de economía parecen estar muy influenciados por La economía desenmascarada, lo cual me halaga, ya que ellos han sido uno de mis dos objetivos principales (el otro público al que me dirigía estaba compuesto por los activistas de áreas como el cambio climático, la lucha contra la pobreza o la justicia social, enterrados con frecuencia por el discurso de los economistas). Hay una aceptación bastante extendida de mis críticas a la economía neoclásica por parte de economistas no neoclásicos, así como de mis críticas a la economía marxista por parte de no marxistas. Los neoclásicos rechazan todas las críticas excepto una que ellos mismos desarrollaron y las banalizan en lugar de tomárselas en serio. Los marxistas se comportan del mismo modo respecto a las críticas de la teoría del valor-trabajo.
Dentro de la economía neoclásica, la única crítica que han aceptado es la del llamado teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu según el cual no podemos derivar una curva de la demanda del mercado descendente simplemente añadiendo curvas de demanda de individuos heterogéneos que consumen bienes heterogéneos. Los neoclásicos tergiversaron la conclusión y sostienen que es válido usar un “agente representativo” o asumir que todos los individuos tienen curvas de Engel lineales y paralelas, lo que significa que se asume que todos los bienes y todos los consumidores son idénticos (curvas de Engel lineales y paralelas quiere decir que el consumo no cambia cuando cambian los ingresos, lo que implicaría que no hay bienes de lujo ni necesidades).
Es irónico que los neoclásicos hayan terminado por evitar la crítica a sus teorías asumiendo una condición que socava sus propios fundamentos. Si todos los bienes son idénticos, entonces no tiene sentido el concepto de “precios relativos”, que es una creencia cuasi religiosa. Además, en sus propios círculos están deseando admitir que algunas críticas importan (como en algunas discusiones sobre el teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu), pero cuando un outsider como yo señala las posibles implicaciones que tienen, simplemente te insultan. Aquí tienes algunos casos representativos que ocurrieron en 2012:

http://www.creditwritedowns.com/2012/04/banks-matter-krugmans-barter-mysticism.html
http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/04/02/oh-my-steve-keen-edition/
http://www.debtdeflation.com/blogs/2012/04/04/krugman-apologises/

Los neoclásicos se comportan como trolls con sus críticos y esos ataques solían funcionar antes de la crisis financiera porque el público aceptaría que eran expertos y que los críticos estábamos muy mal informados. Después de la crisis global de 2008 ya no pudieron escabullirse, aunque tienden a comportarse del mismo modo.
En cuanto a las demás críticas, aquellas desarrolladas por otros economistas no neoclásicos como Piero Sraffa (más la que yo añadí sobre las falacias lógicas de la competencia perfecta marshalliana), los neoclásicos las rechazan o argumentan que han hecho cambios a la teoría que las tienen en cuenta. Respecto a mi crítica, confunden la teoría de juegos de Cournot (que es matemáticamente válida, aunque sea localmente inestable) con la de Marshall, que era la que yo estaba criticando, y ya de paso me menosprecian. Es frustrante, pero no es diferente a intentar convencer a los mormones de que el libro de los mormones es una fantasía.

A.L.: Conozco a muchos economistas que se han formado con el manual de Mankiw, que usted desaprueba. ¿Qué libro recomendaría a los estudiantes para que aprendan macroeconomía? ¿Y para la microeconomía? Le preguntaría por la mesoeconomía, pero ni siquiera tengo claro que sea un campo relevante para usted.
S.K.: Para llegar a ser economista, primero sugeriría aprender dinámica de sistemas, si es que se imparte en tu universidad, o hacer cursos básicos de matemáticas (cálculo básico y álgebra, así como ecuaciones diferenciales, incluyendo las propiedades básicas de los sistemas no lineales de tercer grado), y también estudiar historia y centrarse en los siglos que van del XVII al XIX, lo que incluirá la evolución del capitalismo (recomendaría un curso en historia económica, pero la mayoría de las universidades ya no los ofrecen). Luego lee un libro sobre la historia del pensamiento económico como el de Bruce Caldwell. Por último, puedes leer mi libro y también el de John Blatt sobre dinámica de sistemas económicos.
La microeconomía es inútil tal y como se enseña en los manuales. Es mejor leer la teoría del precio del postkeynesiano Fred Lee, que abarca setenta años de investigación empírica de las estructuras de costes de las empresas reales, lo que no guarda ninguna relación con los modelos de broma que salen en manuales como el de Mankiw.
El concepto meso es sensato. La interacción de muchas entidades diferentes genera lo que nosotros observamos como macroeconomía y la idea que implica lo meso sobre las relaciones entre los individuos y las dinámicas agregadas es significativa.

A.L.: ¿Los postkeynesianos intentan crear una economía alternativa completa?
S.K: Estamos intentando desarrollar una economía alternativa para reemplazar la neoclásica del mismo modo que Brahe, Kepler, Copérnico, Galileo y Newton desarrollaron una alternativa a la cosmología ptolemaica. El problema para lograr esa finalidad es que los postkeynesianos no comparten una teoría del valor como sí hacen los neoclásicos o, de un modo muy distinto, los marxistas, así que hay muchas disputas entre los postkeynesianos para producir una visión coherente y aceptada de la economía. Lakatos dijo que los programas de investigación científica tenían un núcleo de creencias que los definían: los neoclásicos y los marxistas lo tienen, los postkeynesianos aún no.

A.L.: ¿Cuál es su postura frente a los bienes Giffen? A propósito, no le pregunto por otros conceptos porque se escapan a mi entendimiento, así que igual le conviene publicar una versión abreviada y sencilla de La economía desenmascarada.
S.K.: El concepto de los bienes Giffen fue un intento de explicar la gran hambruna irlandesa desde una perspectiva neoclásica y son un mito: están para que parezca que la regla siempre es la curva de la demanda descendente, pero tal y como sostengo en el libro, los neoclásicos ni siquiera pueden inferirla de su propia teoría.
Tengo presión en dos direcciones opuestas: algunas personas quieren que escriba una versión simplificada y otros que publique una versión con todos los desarrollos matemáticos. Supongo que debería hacer las dos, pero el problema es dónde hallar el tiempo para hacerlas.

A.L.: ¿Qué puede anticiparnos de la tercera edición de su obra?
S.K.: Añadí muchas críticas a la macroeconomía de los neoclásicos en la segunda edición y mostré un poco de la alternativa monetaria postkeynesiana. Desde entonces, como tuve que diseñar el software de Minsky, he aprendido mucho sobre dinero y modelización monetaria, así que cambiaría sustancialmente los capítulos sobre la teoría monetaria.
También reordenaría el libro. Ya no necesito la visión general del mundo que aparece como punto de partida, ya que la crisis volvió a la gente mucho más abierta a aceptar que debían existir sesgos en la teoría económica si apenas advirtió el mayor acontecimiento económico del pasado siglo (tampoco se predijo la Gran Depresión). Empezaría con todas las cosas que son categóricamente verdaderas: las empresas dan con los costes unitarios decrecientes cuando aumentan la producción, los consumidores no maximizan la utilidad, los bancos, el dinero y la deuda son esenciales en el capitalismo, el equilibrio es algo más bien dinámico en el sentido que le dio Keynes, y así sucesivamente. Y luego abordaría las críticas.
También añadiría muchas ideas sobre la energía. He encontrado el modo de incorporarla en los modelos de producción durante el último año, y eso haría más fácil tener secciones en el libro sobre energía y ecología.

A.L.: Recomiéndenos un libro.
S.K.: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin. Es una historia de ciencia-ficción, lo que permite a la autora explorar conceptos que serían muy difíciles de imaginar en un plano más realista. La novela es magnífica.

A.L.: Una película.
S.K.: Los héroes del tiempo de Terry Gilliam. Una comedia fantástica y descabellada al estilo Monty Python.

A.L.: ¿Paul Krugman o Stiglitz?
S.K.: Stiglitz. Al menos Joe sabe que hay alternativas al DSGE [equilibrio general dinámico estocástico] y al modelo IS-LM.

A.L.: Díganos algo positivo sobre el euro.
S.K.: El diseño de los billetes está muy bien. Cuando se vuelvan obsoletos y las economías europeas vuelvan a las monedas nacionales que nunca debieron abandonar, los viejos euros serán útiles para decorar o empapelar.

A.L.: ¿Qué le viene a la mente cuando escucha hablar sobre la teoría monetaria moderna?
S.K.: Muchas cosas, aunque sobre todo la importancia de tener una comprensión realista de la creación del dinero. Es absurdo que la escasez sea lo más fácil del mundo para crearlo, pero también es importante tener más de una perspectiva en economía. La TMM te permite entender algunas cosas sobre la creación de dinero y sobre la ausencia de restricciones monetarias en el gasto gubernamental. En cambio, no te permite comprender las complejas dinámicas de una economía capitalista. Para eso necesitas conocimientos en sistemas dinámicos y complejos.

A.L.: ¿Qué opina de una Renta Básica Universal?
S.K.: Estoy a favor por varias razones. La principal es que asumo que la robótica y la inteligencia artificial reemplazarán la mayoría de trabajos productivos actuales, trabajos que estén directamente relacionados con la creación de bienes y servicios reales. Muchos trabajos, por no decir la mayoría, merecen la caracterización que David Graeber acuñó: trabajos de mierda. Alrededor del ochenta por ciento del empleo actual no produce ningún resultado físico y algunas actividades están asociadas a la creación de deuda.
Muchos postkeynesianos apoyan el Trabajo Garantizado antes que una Renta Básica Universal basándose en que sería más eficaz que dar un salario. Creen que los ciudadanos se volverían perezosos si no se les pide que trabajen para vivir. Yo creo que esa visión es tremendamente puritana (veo a gente muy ocupada con el baile, los deportes o la creación artística).

A.L.: ¿A cuál de estos economistas prefiere? Jean Tirole, Oliver Hart y Richard Thaler.
S.K.: Richard Thaler, Oliver Hart y con una puntuación muy negativa, Jean Tirole.

A.L.: ¿Se atreve a pronosticar quién ganará el Nobel de Economía en 2018? ¿Paul Romer?
S.K.: Mi predicción es que será alguien ligeramente a la izquierda del centro del tablero económico que trabaje en el territorio fronterizo del pensamiento neoclásico. Pero sí, Romer si intentaran una especie de redención tras la crisis financiera global, una expiación del estancamiento secular. Si se lo dan a alguien como Summers vomito...

1 de noviembre de 2017

jueves, 26 de octubre de 2017

ENTREVISTA CON MARK SAINSBURY

Autor de FICCIÓN Y FICCIONALISMO.

ANDRÉS LOMEÑA: El ficcionalismo tiene que ver con las cosas que somos capaces de pensar. Estas no tienen valor en los términos habituales de verdad o falsedad, de manera que están gobernadas por otro tipo de normas, como la adecuación empírica o la utilidad. Me gustaría preguntarle si este enfoque es parte del legado pragmatista.
MARK SAINSBURY: El ficcionalismo consiste en que deberíamos tratar el “discurso” como una “ficción”: el discurso no aspira a ser verdadero, sino más bien útil. El ficcionalismo en la aritmética dice que los números deberían considerarse como entes tan (o tan poco) reales como Don Quijote o Sherlock Holmes. La cuestión en aritmética no es tanto describir un supuesto reino de los números, sino ayudarnos en proyectos prácticos (la construcción de puentes, por ejemplo).
Del mismo modo, la ficción no aspira a ofrecer descripciones directas de la realidad, sino a ser útil en varios sentidos: entretener, agradar, elevar o instruir. La conexión con el pragmatismo es engañosa. Los pragmatistas sostienen que lo verdadero es lo útil, así que no podrían distinguir entre una ficción útil y una verdad. Así, podríamos decir que son en cierto modo ficcionalistas en la medida en que reconocen el valor de la utilidad. También podríamos decir que no tienen los recursos para declararse ficcionalistas, ya que no hacen distinciones entre la verdad y la utilidad. Creo que la segunda opción es la más acertada.

A.L.: De acuerdo con la novela El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead, habría trenes reales transportando esclavos hacia la realidad, incluso aunque ese ferrocarril subterráneo fue simplemente un grupo clandestino que luchaba por la abolición de la esclavitud, según sabemos por los hechos históricos. Whitehead sería un “literalista” de la historia oficial al transformarla para sus propósitos literarios.
M.S.: Tal y como dices, una ficción puede integrar hechos reales, de una forma simple como en Guerra y Paz o de maneras más sutiles, lo que implica alguna capa metafórica adicional, como en el libro de Whitehead que mencionas. Me temo que los ficcionalistas filosóficos no prestan atención a esos aspectos sutiles de la ficción.

A.L.: ¿Qué implican los narradores no fiables para el ficcionalismo?
M.S.: Podemos hablar de una verdad-en-la-ficción y la necesitamos para comprender lo que ocurre. Un narrador no fiable se aleja de la verdad ficcional y a su vez es parte de la ficción. Algo puede ser verdadero en la ficción, pero también un personaje en la ficción puede decir algo falso. No he notado que estos matices preocupen a los ficcionalistas, pero deberían tenerlos en cuenta. Por ejemplo, decimos que las personas cuyos puntos de vista morales difieren de los nuestros están equivocadas: los demás tendrían falsas creencias morales. El ficcionalista moral podría ver esto como una muestra de que alguno de nosotros es un narrador poco fiable: uno de nosotros ha cometido un error sobre lo que representa la ficción de la moralidad.

A.L.: También hay inconsistencias en muchas obras literarias, como objetos que aparecen y desaparecen en la ficción porque el autor olvidó que su personaje los tenía. ¿Qué explicación ofrece el ficcionalismo?
M.S.: Los ficcionalistas en realidad no ofrecen explicaciones de la ficción, solo reclaman que sus temas dentro del ficcionalismo (las matemáticas o la moralidad) deberían considerarse una ficción. Sería un motivo de disputa decidir si una ficción inconsistente puede resultar útil. Hay filósofos que seguramente creerían que sí (Graham Priest sería un buen ejemplo de esto).

A.L.: ¿Hay algunas propiedades esenciales en la ficción, una haecceitas?
M.S.: Hay personajes ficcionales en el sentido banal de que hay ficciones en las que aparecen los personajes. Cuando alguien escribe una novela, solo añade los habitantes del mundo al texto. Esos personajes no existen, de modo que no constituyen una verdad o una mentira metafísica. Solo hay verdades ficcionales y estas representan una función de lo que el autor ha decidido contar.

A.L.: La oración Anna Karenina es más inteligente que Emma Bovary parece verdadera, pero no pertenece al mismo marco de referencia, son mundos de ficción diferentes.
M.S.: Así es. He intentado mostrar cómo el pensamiento podía ser verdadero incluso cuando no hay personajes ficcionales: la verdad es relativa a ciertas presuposiciones, pero nunca es real ni absolutamente verdadera.

A.L.: Puedo pensar en un pegaso combinando la idea de caballo con el concepto de alas, y también puedo imaginar que la gente no muere de cáncer, aunque no sea capaz de imaginar una cura específica. En cambio, no sé si realmente puedo pensar en una una hidra con “infinitas” cabezas o visualizar un triángulo de cuatro ángulos.
M.S.: No veo ningún problema en una hidra con infinitas cabezas: aunque se las cercenes, sigue conservando otras. Como no creo que haya personajes de ficción en el mundo real, esto no supone ningún desorden para mí. Puedes entender mi libro como un intento de justificar la visión de Bertrand Russell de que la lógica ya no puede consentir un unicornio que la zoología permita.

A.L.: ¿Qué le llevó a investigar la ficción?
M.S.: Hay una larga tradición a la hora de pensar la representación como una relación entre las palabras y las cosas. En la filosofía analítica de finales del siglo XX llegó a ser la visión estándar, e implicaba que cualquier nombre o representación genuina que significara algo tenía que poseer un portador o referente. Esto conlleva un dilema: o las palabras como pegaso carecen de significado o tienen portadores. Ninguna de las alternativas era plausible. En Referencia sin referentes intenté combatir, tal y como puedes suponer por el título, la postura que conduce a este problema y llevé esa visión general más allá en Ficción y Ficcionalismo para poder aplicarla a los nombres ficticios.

A.L.: Recomiende una novela...
M.S.: Acabo de leer La casa de los nombres de Colm Toibin y me ha parecido realmente buena. Para aquellos a los que les interese la filosofía de la ficción, trata la cuestión de si el personaje de Electra escrito por Toibin es el mismo que el de la obra de Esquilo.

A.L: Un libro de filosofía que merezca la pena...
M.S.: Me gusta Las variedades de la referencia de Gareth Evans.

A.L.: Díganos algo sobre Kripke y Lewis…
M.S.: Kripke y Lewis estaban en el mismo departamento de Princeton, así que tiene que haber historias sobre sus relaciones personales. Imagino que debió existir un alto grado de admiración mutua. En los noventa, muchos filósofos habrían señalado a estos dos pensadores como los más destacados de nuestro campo.

A.L.: ¿Quiénes son sus tres mosqueteros?
M.S.: Frege, Davidson y quizás Grice.

A.L.: Por último, ¿qué me dice de un personaje ficticio que llamaré Sainsbury?
M.S.: Supongo que está intentando llegar al fondo de la cuestión de la representación. Mi próximo libro tratará sobre la percepción y la representación. Algo muy complejo, me temo, pero mi yo ficcional se abrirá camino a través de ese problema y alcanzará una teoría que sorprenda a todo el mundo por su originalidad y poder explicativo.

26 de octubre de 2017

martes, 12 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON FRANCIS VILLATORO

Autor del blog La Ciencia de la Mula Francis, físico, doctor en matemáticas, profesor en la Universidad de Málaga e investigador en ciencias computacionales.

ANDRÉS LOMEÑA: Me encanta una conferencia TED de Jedidah Isler sobre los blázares. Me pregunto qué diablos son esos chorros de plasma. En todo caso, Isler tiene claro su romance con la física. ¿Cuál es el suyo?
FRANCIS VILLATORO: La materia que cae en un objeto astrofísico compacto, como una estrella de neutrones o un agujero negro, se acelera por la conservación del momento angular pasando al estado de plasma; las partículas cargadas del plasma, tanto electrones como iones, se mueven un disco alrededor del objeto compacto, con lo que producen un intenso campo magnético poloidal. En los polos del objeto compacto las líneas de campo magnético están muy juntas y producen una fuerza magnética que arranca las partículas del disco de acreción y las lanza formando dos chorros transversales al disco.
En los núcleos activos de galaxias hay agujeros negros supermasivos con enormes chorros bipolares que aceleran las partículas a velocidades ultrarrelativistas, mayores del noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz en el vacío. Cuando uno de estos chorros apunta hacia la Tierra observamos un blázar; lo más sorprendente es que la velocidad aparente de las partículas del plasma parece superar la velocidad de la luz en el vacío. Por ejemplo, para el blázar 0827+243 las partículas del chorro se mueven al 99,9% de la velocidad de luz en el vacío, pero desde la Tierra muestran velocidades aparentes de hasta 25 veces la velocidad de luz en el vacío. Sin lugar a dudas son fenómenos asombrosos y no me extraña el romance científico de Jedidah. A mí me apasionan muchos temas, desde la física de las partículas fundamentales, hasta la gravitación cuántica, pasando por las ciencias de los materiales o la teoría de ondas no lineales. No sabría contestar a la pregunta sobre la rama de la física que me despierta mayor pasión.

A.L.: Según tengo entendido, el electrón puede dividirse en tres partes o cuasipartículas bajo determinadas condiciones. ¿Esto implica de alguna forma que no son partículas verdaderamente elementales? Eso por no mencionar a Gavin Hesketh, que mencionó el bosón B, del que apenas encuentro referencias en Internet, o el hecho de que el bosón de Higgs se descompone en quarks.
F.V.: Uno de los grandes problemas de la Física y, en especial, de la Divulgación de la Física, es el abuso del lenguaje. Un fotón (la partícula de la luz) en el vacío se mueve a la velocidad de la luz en el vacío porque no tiene masa, pero en un cristal se mueve a una velocidad más pequeña; ¿adquiere masa? Obviamente, no adquiere masa. Un fotón en un cristal no es un fotón libre sino que es una cuasipartícula de tipo fotón, que debido a la interacción con los iones de la red cristalina se mueve como si tuviera un masa efectiva a una velocidad inferior a la velocidad de la luz en el vacío. Lo mismo pasa con un electrón en un material, se le llama electrón por abuso del lenguaje, pues se trata de una cuasipartícula de tipo electrón. Un electrón libre tiene energía, masa, carga y espín, magnitudes que no se pueden separar; no se puede trocear un electrón, ni tampoco se puede tener un electrón sin carga pero con espín, o con espín pero sin carga. Sin embargo, una cuasipartícula de tipo electrón tiene una energía efectiva, una masa efectiva, una carga efectiva, un espín efectivo y un momento angular orbital efectivo; se puede tener una cuasipartícula de tipo electrón con espín efectivo pero sin carga efectiva ni momento orbital efectivo (llamada espinón), una cuasipartícula de tipo electrón con carga efectiva pero sin espín efectivo ni momento orbital efectivo (llamado holón o cargón), e incluso una cuasipartícula de tipo electrón con momento orbital efectivo pero sin carga efectiva ni espín efectivo (llamada orbitón). Más aún, puede separar una cuasipartícula de tipo electrón con carga efectiva, con espín efectivo y con momento orbital efectivo en tres causipartículas de tipo electrón separadas, uno de tipo espinón, otra de tipo holón y la última de tipo orbitón. Esto lo puedo hacer con una cuasipartícula de tipo electrón en un material cuasi-unidimensional (como un aislante de Mott). Pero nadie debería confundir una cuasipartícula de tipo electrón y un electrón libre; se parecen como un agujero negro y la cascada del Niágara, ambos tienen horizonte de sucesos, pero pocos los confundirían.
Por otro lado, los hadrones, partículas compuestas de quarks unidos entre sí por gluones, pueden ser fermiones, los bariones formados por tres quarks de valencia, y bosones, los mesones formados por una pareja quark-antiquark de valencia. Cuando se habla de bosón B se está hablando del mesón B, que está formado por un antiquark fondo o bottom (b) de valencia y otro quark de valencia de menor masa: arriba o up (mesón B+), abajo o down (B0), extraño o strange (B0s), o encanto o charm (B+c); el mesón formado por un antiquark bottom y un quark bottom de valencia se llama bottomonium. Ningún físico llama bosones B a los mesones B, aunque sean bosones; quizás por eso encuentras pocas referencias en la web. Busca mesones B y te hartarás de información.
Finalmente, el bosón de Higgs se puede desintegrar en una pareja fermión-antifermión siempre que la suma de sus masas sea inferior a la suya; por ejemplo, se puede desintegrar en un electrón y un positrón, en un muón y un antimuón, o en un quark y un antiquark (salvo para el quark top que tiene más masa que el Higgs). En ningún caso esta desintegración se puede entender como que el Higgs sea una partícula compuesta de una pareja de fermiones; los fermiones tienen masa y, por tanto, están acoplados al campo de Higgs, luego un bosón de Higgs puede excitar los campos de los fermiones y desintegrarse en una pareja de ellos (el campo de Higgs pasa del estado de bosón al estado de vacío y los campos de los fermiones pasan de estado de vacío al estado excitado como partículas). Repito, en ningún caso se puede interpretar este canal de desintegración del Higgs como una prueba de que se trata de una partícula compuesta.

A.L.: También he leído que los tetraneutrones son posibles4. ¿Quiere eso decir que hay que revisar el principio de exclusión de Pauli? Los periodistas buscamos nueva física sin conocer bien la clásica, pero se debería disculpar nuestra previsible fascinación por cualquier hallazgo que redefina los postulados de la ciencia actual. A propósito, ¿se enfada mucho cuando lee sobre física en el periódico?
F.V.: El núcleo de las estrellas de neutrones tiene innumerables neutrones unidos entre sí por el principio de exclusión de Pauli; no entiendo que la existencia de tetraneutrones se pueda interpretar como una violación del principio de exclusión de Pauli. La estadística de los fermiones, el origen de este principio, está asociada a la invariancia CPT, que cumple todo sistema físico que sea relativista y cuántico; no se ha observado ninguna violación de la invariancia CPT y las teorías que predicen la existencia de los trineutrones y tetraneutrones cumplen con dicha invariancia.
Para un físico un átomo es una partícula en ciertos experimentos, un núcleo atómico es una partícula en ciertos experimentos, un neutrón es una partícula en ciertos experimentos, y un estado resonante es una partícula en ciertos experimentos. Las resonancias, o estados resonantes, son excitaciones de una o varias partículas de vida media muy corta. Los tetraneutrones y los trineutrones son resonancias de neutrones cuya vida media es muy corta. Desde 1986 se han observado indicios de la existencia de tetraneutrones, pero ninguno ha sido confirmado; más aún, difieren entre sí lo suficiente para que unos generen cierta duda sobre los otros. El artículo que citas es un modelo teórico de octubre de 2016 basado en supercomputadores que predice la posible existencia de tetraneutrones con propiedades similares a las observadas en un experimento de febrero de 2016. Todavía no sabemos si dicha interpretación es correcta (entre otras cosas implica que ciertos indicios previos serían erróneos). Aún así, la existencia de resonancias de tipo tetraneutrón, e incluso trineutrón, es perfectamente compatible con el principio de exclusión de Pauli.
Por otro lado, la mayoría de las noticias científicas sobre Física que se publican en la prensa son sensacionalistas y están muy alejadas de como yo las hubiera divulgado. Sin embargo, disfruto leyendo ciencia en los periódicos, pues siempre me da pie a buscar las fuentes originales para profundizar y aprender. Nunca me enfado leyendo sobre ciencia porque así educo mi escepticismo. Más aún, me gustaría que se escribiera mucho más sobre ciencia. Los medios tienen como misión informar y entretener; para educar hay otros foros. Por ello el rigor no es uno de sus fines; aun así, creo que debería haber mucha más ciencia en los medios. Por cierto, me enfada que haya tan poca ciencia en los periódicos y que haya gente que piense que hay tan poca porque es poco relevante.

A.L.: Su blog resulta muy estimulante, incluso cuando a veces me cuesta seguir las implicaciones de algunos descubrimientos. Creo que no le gusta nada el marco de ciertas investigaciones, como la de Erik Verlinde. Para los profanos, da la sensación de que la comunidad científica se ha sacado de la manga la materia oscura y la energía oscura y que quizás lo que se necesita es volver a un terreno más simple, menos especulativo. Roger Penrose medita en su último libro sobre las modas científicas, los dogmas de fe y hasta la fantasía. ¿Qué tendría que decir aquí?
F.V.: Muchos físicos teóricos han abandonado la teoría de cuerdas porque como teoría fundamental sus predicciones están más allá de lo que podemos explorar en la actualidad con experimentos y observaciones. La financiación ha empezado a escasear. Algunos cuerdistas se han adentrado en las aplicaciones del formalismo matemático de la teoría de cuerdas a la física que podemos explorar (materia condensada, estado sólido, nuevos estados de la materia, etcétera). Otros cuerdistas han interpretado la idea de las dualidades, la equivalencia física entre diferentes teorías de cuerdas, como simples diccionarios entre conceptos físicos; si tengo cuatro palabras en una teoría y otras cuatro en otra teoría, propongo una equivalencia entre las cuatro palabras de ambas teorías, un diccionario, y me pongo a estudiar sus consecuencias físicas, como si se tratara de una nueva teoría. Así muchos cuerdistas se han alejado de la Física adentrándose en la Metafísica; así han pasado de hacer ciencia a estar muy próximos a lo que en otras ramas de la ciencia se llamaría pseudociencia. Muchos de estos físicos tienen un prestigio como cuerdistas fuera de toda duda, por ello muchos medios se hacen eco de sus especulaciones salvajes. Un ejemplo paradigmático es Erik Verlinde, otro es Gerardus ‘t Hooft, Premio Nobel en 1999. Por un lado, Verlinde me da cierta envidia; siendo uno de los grandes físicos teóricos de la teoría cuerdas ha recibido una financiación multimillonaria. Pero, por otro lado, también me da mucha pena; ahora se dedica a balbucear especulaciones salvajes que son seguidas por un ejército de prosélitos que no se para a pensar qué sentido tienen dichas especulaciones. En mi blog, mi pena se vuelve rabia y a veces mi lenguaje mostrará que no me gustan sus especulaciones.
En los medios interesa más cuando una persona muerde a un perro que cuando un perro muerde a una persona. En los medios interesa la piedra que al ser soltada sale disparada hacia arriba en lugar de caer hacia el suelo; ninguna noticia destaca todas las evidencias de que las piedras caen hacia el suelo. Lo mismo pasa con las evidencias sobre la materia oscura y la energía oscura. No es verdad que los profanos tengan la sensación de que la comunidad científica se sacó de la manga la materia oscura en 1933; no es verdad que los profanos le pidan a los científicos que vuelvan a un terreno menos especulativo y se olviden de las evidencias acumulados en más de ochenta años. Lo que pasa es que a los directores de los medios solo les interesan las noticias que afirman que la materia oscura no existe porque así lo afirma una especulación salvaje de un científico. Se considera noticia que Verlinde diga que la materia oscura es debida a la reacción de la materia (ordinaria) al efecto de la energía oscura; no creo que ningún profano opine que es más simple explicar la existencia de materia oscura recurriendo a la energía oscura. Nunca confundas lo que piensan los directores de los medios sobre las noticias científicas y lo que saben los profanos. Los mal llamados profanos saben mucho más de lo que parece.
En cuanto a Roger Penrose solo puedo decir que me da mucha envidia lo bien que sabe conectar con el público en sus libros. Repletos de ideas científicas abstractas, decorados con fórmulas que pocos físicos son capaces de entender, logra vender libros que ningún editor aceptaría publicar si fueran escritos por cualquier otro autor (salvo quizás Stephen Hawking). No sé si has leído su último libro, pero no tiene nada que ver con la moda, la fantasía o el dogma de fe, a pesar del título. Se trata de un libro que pretende convencer a los más jóvenes de que trabajen en la teoría de twistores. Me parece muy loable que aún siga insistiendo contra marea en reivindicar su teoría. Pero lo que de verdad me da envidia es que venda decenas de miles de ejemplares de un libro que si no estuviera escrito por Penrose nadie se atrevería a leer. Y, por cierto, que yo disfruto mucho con sus libros, aunque los leo con grandes dosis de sano escepticismo, consciente de sus mensajes entre líneas buscando prosélitos.

A.L.: ¿Qué sabemos realmente sobre la red cósmica? Me consta que Richard Gott, como tantos otros, se ha esforzado en desentrañar la estructura del universo, pero desconozco qué nivel de detalle tiene el actual mapa del universo. Por ejemplo, ¿qué se sabe de los confines del universo visible? Allá donde se colocaría el imaginario arquero de Lucrecio para ir más allá de los límites de lo conocido. Otra cuestión inquietante es el papel de los filamentos de materia oscura que supuestamente unen las galaxias5. ¿Cómo se comporta o qué se sabe de esa hipotética superestructura? A ver si es como el alcohol en el universo, que parece abundar y sin embargo resulta un tanto irrelevante su presencia.
F.V.: Las aproximaciones teóricas y las simulaciones mediante superordenadores de la formación de las grandes estructuras del universo predicen la existencia de la red cósmica desde hace décadas; sin embargo, las primeras pruebas observacionales se obtuvieron hace menos de diez años. Ahora hay muchas evidencias. Como los grandes vacíos están vacíos, como es obvio, y sus paredes están formadas por materia oscura, invisible salvo por sus efectos gravitacionales, observar la red cósmica es muy difícil. Sin embargo, hoy en día gracias al efecto de lente gravitacional se han obtenido evidencias que confirman la existencia de la red cósmica fuera de toda duda. Pocos cosmólogos dudan de su existencia, aunque todos desean que haya más evidencias.
Sabemos muy poco sobre los confines del universo visible, porque, como es obvio, no los podemos ver; pero todos los indicios sobre el universo a gran escala (que solo podemos observar cuando tenía unos 380 mil años de edad) indican que, en promedio, son exactamente iguales al universo cercano que nos rodea. El universo tiene un tamaño unos tres veces más grande que el universo observable y todo indica que en promedio lo que hay más allá del horizonte visible es exactamente igual que lo que hay dentro del horizonte (por supuesto, siempre en las grandes escalas).
Por otro lado, la noticia que citas sobre los filamentos de materia oscura que unen galaxias se refiere a filamentos de la red cósmica de unos siete megapársec de longitud que unen cúmulos de galaxias (recuerda que la distancia entre la Vía Láctea y Andrómeda es de 0,7 megapársecs). Se trata de un artículo muy reciente y todavía no hay confirmación oficial de esta observación. Sin embargo, siendo un resultado esperado no hay dudas serias sobre su existencia. Más aún cuando se han encontrado pruebas de otros filamentos similares, aunque a escala mucho más grande (este filamento es pequeño comparado con las estructuras típicas de la red cósmica ya observadas). Preguntas a qué se debe este filamento y la respuesta es sencilla, la gravedad es atractiva, como las fuerzas de tensión superficial en el agua con jabón, luego da lugar a estructuras similares a la espuma de jabón del baño.

A.L.: Si realmente hubiera dimensiones enrolladas, ¿no seguirían estando dentro de las tres dimensiones espaciales? De lo contrario, ¿dónde está ese afuera espacial? He visto dibujos de mangueras con una hormiga dentro para ilustrar la idea de las dimensiones extras y no me convence demasiado. Además, ¿qué nos dice de los agujeros negros? ¿La materia que entra saldría vomitada a alguna otra parte? Si así fuera, ¿no tendría que haber una especie de estercolero estelar en algún lugar?
F.V.: Imagina un cubo (hexaedro) sumergido en el espacio de tres dimensiones, ¿cuántas caras exteriores tiene? Imagina un hipercubo (teseracto) sumergido en un espacio de cuatro dimensiones, ¿cuántas caras exteriores imaginas? La idea de dentro y fuera que aplicas a objetos de superficie bidimensionales sumergidos en un espacio tridimensional no tiene nada que ver con la idea de dentro y fuera que se aplica a objetos con más de tres dimensiones sumergidos en un espacio de más de cuatro dimensiones. No tiene sentido “estar dentro” en tu pregunta. Las dimensiones extra del espacio están tan afuera o tan adentro como está la dirección derecha-izquierda respecto a la dirección arriba-abajo. Estén o no estén enrolladas no influye. Quizás no te guste que así sea, pero así es.
Las metáforas geométricas como la hormiga en la manguera son solo eso, metáforas. Si no te convencen, busca otras metáforas. Hay cosas inimaginables que solo se pueden imaginar sin imaginarlas, sin intentar imaginarlas, estudiando sus propiedades sin más. Requiere un esfuerzo, pero merece la pena. Las metáforas requieren dos cosas, entender el concepto y entender su relación con la metáfora, por ello muchas veces en lugar de ayudar dificultan el entendimiento.
En cuanto a los agujeros negros, son soluciones matemáticas de las ecuaciones de la gravitación de Einstein. Hay objetos astrofísicos que se describen usando estas soluciones matemáticas. No sé dónde se encuentra el mito. Muchas veces se engaña a los profanos con la metáfora de que los agujeros negros son pozos donde cae la materia sin que pueda escapar; en la vida cotidiana los pozos siempre tienen un fondo, luego nuestra intuición nos dice que en esta metáfora los agujeros negros deberían tener un fondo. Los agujeros negros son espaciotiempo curvado; la energía del campo gravitacional es proporcional a la curvatura. Un agujero negro es espaciotiempo vacío y curvado, nada más y nada menos; la curvatura del espaciotiempo tiene energía potencial gravitacional y alcanza un estado estable autosostenido (el agujero negro no es cuerpo físico, ni un agujero en el espaciotiempo, ni nada por el estilo). Cuando cae una manzana, acelera bajo la acción de la gravedad; es decir, su energía potencial gravitacional se transforma en energía cinética. Lo mismo pasa con lo que entra en un agujero negro, su energía se transforma en energía del campo gravitacional; todas las partículas (excitaciones de campos cuánticos) de lo que cae en un agujero negro se relaja a un estado de vacío y su energía se transfiere a la curvatura del espaciotiempo, con lo que el agujero negro gana la energía de la materia del objeto que ha caído y crece su horizonte de sucesos. La materia no va a ningún sitio, el pozo no tiene fondo, solo desaparece y se transforma en curvatura del espaciotiempo.

A.L.: ¿Qué lectura nos recomendaría? A mí me ha encantado El gran cuadro de Sean Carroll y Aurora de Kim Stanley Robinson. Le confieso que he fracasado a la hora de entrevistar a varias mujeres, así que si tiene en cuenta la paridad que yo no he podido conseguir en mis conversaciones, mejor que mejor.
F.V.: Ahora estoy leyendo mucho sobre ondas gravitacionales, por ello recomendaría los libros de Janna Levin, Black Hole Blues, y de Govert Schilling, Ripples in Spacetime, ambos sobre la historia de la detección directa de las ondas gravitacionales. Hay pocos libros de divulgación escritos por divulgadoras españolas; recomendaría Todo es cuestión de química de Deborah García Bello. Entre los escritos de divulgadores hay tantos que me gustaría recomendar que me quedaré con El ojo desnudo de Antonio Martínez Ron.

A.L.: Sé que va a acertar en su predicción del Nobel de Física 2017, así que me gustaría retarle a que haga alguna predicción para el Nobel de Física 2018.
F.V.: Predecir el Nobel de Física 2018 raya la imposible. Me gustaría que fuera concedido a una mujer y, la verdad, me apena, pero hay pocas candidatas firmes. Entre ellas destaca Lene V. Haus por la luz lenta en condensados de Bose-Einstein gracias a la transparencia inducida electromagnéticamente, que lo recibiría junto a Stephen E. Harris, el padre de esta última. Sin embargo, me parece una predicción más firme un galardón a Sir John Pendry, Sheldon Schultz y David Smith por los metamateriales y sus aplicaciones en el desarrollo de capas de invisibilidad, superlentes y otros sistemas ópticos.

A.L.: ¿Alguna conclusión? Muchísimas gracias por este apasionante viaje a través de la física.
F.V.: La mayoría de los directores de medios y, por ende, periodistas, piensa que a los profanos solo les interesan la astrofísica, la cosmología y la física fundamental, pero no es cierto. La Física tiene ramas muy atractivas en las que se están haciendo avances muy interesantes, como la biofísica o la oceanografía física, por poner solo dos ejemplos. Creo que habría que diversificar la comunicación científica en los medios. Animo a todos los lectores a exigir más ciencia en los medios y, sobre todo, ciencia mucho más diversa.

12 de septiembre de 2017

domingo, 3 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON URSULA K. HEISE

Una conversación interesantísima sobre literatura y biodiversidad.

ANDRÉS LOMEÑA: Usted ha explorado la biodiversidad a través de la literatura, la cultura, el derecho y las artes sin recurrir a la nostalgia, ya que la humanidad no solo destruye especies, también contribuye a crearlas gracias a la domesticación o la genética. También ha analizado el medio ambiente y la llamada sexta extinción masiva como herramientas culturales que nos permiten repensar el desarrollo y la modernización. ¿Cómo consiguió conectar su conocimiento literario con sus preocupaciones ecológicas y conservacionistas en su libro Imaginar la extinción?
URSULA K. HEISE: Siempre hay un elemento narrativo cuando la ciencia medioambiental se discute en la esfera pública: los hallazgos de la biología y la ecología y los proyectos y objetivos de los conservacionistas se transmiten al público a través de imágenes e historias, en artículos de revistas y de periódicos, en las páginas web, en los documentales, así como en libros de ficción y no ficción. Como teórica de la literatura y como ambientalista veo una interconexión de lo más interesante.
Cuando empecé a investigar sobre la biodiversidad y las especies amenazadas di por sentado que la ciencia sería bastante clara y que lo verdaderamente interesante sería cómo la ciencia se filtra y se reconfigura en la comunicación pública. Me sorprendió mucho descubrir que la ciencia de la biodiversidad es complicada hasta en sus fundamentos: ¿Qué es la biodiversidad? ¿Cómo la medimos? ¿Es mejor un ecosistema con más especies? ¿Por qué? ¿Debería medirse la biodiversidad en el nivel de los ecosistemas, de las especies, de sus poblaciones o desde el punto de vista genético? ¿Cuál es la mejor definición de especie? Y así sucesivamente.
En una segunda fase, me encontré con que buena parte de la ciencia de la biodiversidad se asentaba en ciertos paradigmas culturales y en juicios de valor: ideas sobre el tipo de naturaleza que merece la pena conservar y qué tipo de naturaleza podemos dejar que se extinga (a veces hasta trabajamos activamente para eliminarla; por ejemplo, los conservacionistas suelen implicarse para acabar con las especies no nativas). Había ideas preconcebidas sobre cómo nos gustaría ver una naturaleza idealizada en el futuro y otras sobre lo que las comunidades humanas deberían hacer con sus entornos naturales y con las especies no humanas. Por tanto, hasta la ciencia descansa sobre determinadas narrativas acerca de los humanos y la naturaleza. En varias culturas encontré historias sobre especies en peligro de extinción o ya extinguidas que se relacionaban de forma directa o indirecta con la experiencia de aquella sociedad respecto a la modernización o la colonización (o ambas) y lo que se había ganado o perdido en el proceso. Las especies carismáticas a menudo simbolizaban la pérdida particular (o la mera creencia de esa pérdida) de la comunidad durante la colonización y la modernización.
Puedes ver esas historias fácilmente por la atención errática que se presta a los taxones biológicos: la mayoría de las especies que se mencionan en las discusiones sobre conservación son vertebrados, muchas de ellas son mamíferos o pájaros y la mayoría de ellas son grandes y carismáticas en el sentido de ser sorprendentes, bellas o con ambos rasgos. Pensé al principio que se trataba de un simple asunto de comunicación, pero resultó que el estudio científico también se había hecho de forma un tanto errática, con algunos de esos mamíferos y especies de pájaros atrayendo mayor atención investigadora que los moluscos, los caracoles o los insectos.

A.L.: Hay escritores de ciencia-ficción como Kim Stanley Robinson que no sé si están construyendo una visión más afirmativa de nuestro futuro biológico, tal y como usted propone.
U.H.: ¡Me encanta la ciencia-ficción! Me fascina que se escriban historias futuristas que son, hasta cierto punto, testigos directos de los hechos (lo que actualmente sabemos sobre el mundo y qué es posible en él) y que muestran una gran variedad de caminos posibles que el futuro puede tomar en determinadas circunstancias (la relación que hay entre la predicción científica, las simulaciones que se hacen y sus relaciones con la narrativa de ficción futurista es muy interesante).
Ursula K. Le Guin y Kim Stanley Robinson me parecen casos destacables por la sofisticación de sus visiones del futuro. Le Guin siempre ha relacionado las preguntas mediomabientales con cuestiones de justicia social en sus novelas y narraciones cortas (como en Los desposeídos). Robinson es uno de los pocos autores de ciencia-ficción contemporáneos que se atreven a plantear un futuro que no será necesariamente una distopía deprimente, ya que parecen factibles algunos modelos de sociedad mejores que los actuales. Lo demostró de forma brillante en su trilogía de Marte (Marte rojo, Marte azul y Marte verde), donde se crea gradualmente una sociedad mejorada, sin que esta sea perfecta. Mientras tanto, en La Tierra encadenan una crisis con otra. En 2312 y en su novela más reciente, Nueva York 2140, traslada de forma muy inteligente sus visiones del futuro. Algunas sociedades se han quedado igual y otras han ido a peor, pero hay algunas que en realidad son significativamente mejores, y no por arte de magia, sino porque las personas se unieron para conseguir cambios. En 2312, la restauración de especies extinguidas desempeña un papel crucial en la trama, y en general, Robinson asume que las sociedades no pueden mejorar a largo plazo sin cuidar el medioambiente. Su utopismo (u “optopismo”, cómo él lo llama, cuando se logra lo mejor posible dadas las circunstancias) es una verdadera inspiración para el pensamiento medioambiental.
También me encanta La última oportunidad de ver, el libro de viajes de Douglas Adams y Mark Carwardine. Adams fue un conocido escritor de ciencia-ficción y Carwardine un zoólogo. En los años ochenta viajaron a diferentes lugares del mundo para ver especies en peligro. Parece imposible escribir un libro divertido sobre la extinción de especies, pero Adams lo logró. En lugar de contar la típica historia de animales perfectamente adaptados que se precipitan hacia la extinción frente a la indiferencia y avaricia humanas, él representa a los humanos y a los no humanos como seres muy mal adaptados. Todos hacen cosas irracionales, ineficientes y contraproducentes. Las preguntas cambian de ¿Cómo este animal llegó a estar en peligro? a ¿Cómo demonios sobrevivió tanto tiempo? Trata la necesidad de conservar el hábitat natural de una forma inusual, ayudándose de las carcajadas y del afecto hacia los humanos y no humanos que fueron creados por una cadena improbable de contingencias evolutivas. Consigue un hermoso contraste frente al tono habitual de lamento, melancolía y predicciones desoladoras de la mayoría de libros de no ficción conservacionistas.

A.L.: De nada sirve salvar especies si luego vamos a erradicarlas de nuevo, como muestra en su análisis de la novela The Hunter de Julia Leigh, que trata sobre la re-extinción del tigre de Tasmania. Ya nos ha dicho que la ciencia y la narrativa ambientalista se centra en los gorilas, los tigres, los osos o las ballenas y no tanto en los reptiles, los anfibios y los peces, por no hablar de los gusanos, los cangrejos o los hongos y las bacterias. Parece que en el fondo todos somos especistas, es decir, que discriminamos en función de la especie. ¿Es el especismo lo que une a los ambientalistas y a los defensores de los derechos animales?
U.H.: Creo que estos movimientos convergen en buena parte de sus pensamientos. Ambos intentan luchar contra el especismo al que te refieres, esto es, el privilegio automático del bienestar humano frente al de los no humanos, y también buscan un hueco en nuestros principios éticos y en nuestros sistemas jurídicos para dar cabida a los no humanos. Lo hacen de forma diferente y a veces tienen conflictos de intereses, pero esos choques resultan tremendamente interesantes por lo que revelan sobre las visiones generales de cada movimiento; por ejemplo, qué especies no humanas deberían vivir con nosotros y en qué condiciones (solo animales en el caso del movimiento por el bienestar animal; animales, plantas y otros organismos en el caso de los ambientalistas). Creo que la preocupación por hacer visibles las aspiraciones vitales de los no humanos dentro de nuestra consideración moral es el área de contacto más importante entre los dos movimientos.

A.L.: Percibo un giro de los estudios literarios hacia las humanidades digitales. Después de todo, las humanidades digitales son una nueva forma de ver los géneros literarios y novelas que están amenazados, ¿no es así?
U.H.: Sí, las humanidades digitales son un nuevo campo de los estudios literarios y van más allá, pues se usan en arqueología, historia y otros ámbitos. En literatura ha tomado dos direcciones muy diferentes: la primera es aplicar viejos métodos de análisis a nuevos objetos de estudio, como los blogs, las redes sociales y la fan fiction. La segunda es el desarrollo de nuevos métodos de análisis digital para viejos objetos de estudio, es decir, mirar en las letras clásicas, como la literatura del diecinueve, y preguntarse nuevas cuestiones que van más allá de la lectura atenta de textos individuales canonizados con la ayuda de bases de datos informatizadas y sofisticados mecanismos de búsqueda. Esta aproximación es la más revolucionaria y también la más controvertida.
Mi propia obra Imagining Extinction está entre esas dos direcciones: quise estudiar las bases de datos sobre biodiversidad como un nuevo e importante género en el cual expresamos preocupaciones culturales y hasta emocionales sobre la inmensa crisis medioambiental. Para estudiar bases de datos con decenas de miles de entradas se requerían herramientas digitales. El objetivo general era mostrar cómo la narrativa estructura algunos tipos de bases de datos y cómo el modo de catalogación y enumeración de esas bases de datos ha caído en las redes de las artes visuales y la literatura para expresar la actual crisis que amenaza con la extinción de especies. El mapa cognitivo que traza la narrativa ahora se da también a través de las bases de datos y todo lo que eso implica: determinar los objetos que entran en esa base de datos, los metadatos con los que se asocia, su arquitectura, etcétera.

A.L.: ¿Cree que el teórico de la literatura es una especie amenazada? El crítico cultural Terry Eagleton podría ser un zorro y yo me identificaría, desde luego, con el lince ibérico. ¿Qué me dice de usted?
U.H.: Creo que me encantaría ser un loro tamaulipeco (Amazona viridigenalis). Es un tipo de loro mexicano que está amenazado en los estados de Tamaulipas, Veracruz y León por el comercio agresivo de animales domésticos que tuvo lugar en los años setenta y ochenta, y también a causa de la deforestación. Un montón de pájaros consiguió escapar y ahora hay una población en crecimiento en el valle de San Gabriel de Los Ángeles y en Florida. Es un ejemplo de especie amenazada que se adapta y prospera en un hábitat completamente nuevo. Espero que esto también sea cierto para los estudios literarios: a pesar de que la influencia de la literatura impresa ha disminuido, toda clase de formas narrativas han eclosionado en los videojuegos, los cómics, las series de televisión y las películas de animación.
De forma más general, he de decir que el poder de los estudios literarios es más claro allí donde se han desarrollado teorías, conceptos y herramientas que van más allá de las bellas letras; mi propio campo de especialización, la narratología, no se limita a la narrativa literaria, sino también incluye la narración oral e informal, la no ficción, los documentales y las nuevas formas de narración a través de los medios. Tal y como dijo Katherine Hayles: nos enfrentamos a una situación similar a la de Olivetti en los años ochenta, que tuvo que decidir entre ser una compañía de máquinas de mecanografía o ser una empresa que vendiera dispositivos de procesamiento de textos. Decidieron hacer lo primero… y ya sabes lo que ocurrió. Sería inteligente por parte de los expertos en literatura no cometer el mismo error.

A.L.: ¿Alguna novela en peligro de extinción que nos quiera recomendar?
U.K.: Hay que leer Nueva York 2140. La chica mecánica de Paolo Bacigalupi y Gold Fame Citrus de Claire Vaye Watkinsare también son novelas especulativas fantásticas con una dimensión ambiental considerable. Adoro la obra de Jeff Vandermeer y su fuerte disolución de las fronteras entre naturaleza y tecnología, pero la trilogía de Southern Reach y Borne me generaron dudas sobre cómo discutir sus obras en conversaciones sobre los problemas ambientales del mundo real.
En cierto modo, ese es el problema al que nos enfrentamos con el concepto de antropoceno: ¿Cómo pensamos y actuamos en un entorno global que ha sido alterado en varios grados por la intervención humana? ¿Qué tipo de acciones podríamos aceptar? ¿Cuáles toleramos y cuáles rechazamos? Hablo en primera persona del plural para referirme al movimiento ambientalista, el cual se ha expandido muchísimo desde principios de los años sesenta y ahora mismo incluye una gran variedad de formas de pensar en las distintas comunidades. Creo que explorar esas diferencias culturales en su contacto con el cambio medioambiental es uno de los desafíos más estimulantes para el ambientalismo.

Domingo 3 de septiembre de 2017