lunes, 14 de mayo de 2018

ENTREVISTA CON CARLO ROVELLI

Físico italiano, autor de La realidad no es lo que parece (2015),
Siete breves lecciones de física (2016) o El orden del tiempo (2018)

ANDRÉS LOMEÑA: En El orden del tiempo explica maravillosamente bien cómo el tiempo pasa más deprisa en la montaña que a nivel del mar. Y lo mismo ocurre con la velocidad: el tiempo pasa más deprisa si estás quieto que si estás en movimiento. Me gustaría preguntarle por el orden del tiempo en las partículas elementales.
CARLO ROVELLI: Si dos partículas se sitúan próximas la una a la otra, “el tiempo pasa igual” para ellas. Pero no es así cuando se mueven. Por ejemplo, los muones tienen una vida muy corta, pero los que se producen por los rayos cósmicos en la parte superior de la atmósfera bajan a La Tierra muy rápido, tan rápido que el tiempo va más lento para estas partículas. Gracias a esto viven más y sobreviven todo el vuelo.

A.L.: El tiempo de Planck es el tiempo más breve que podemos medir, una especie de átomo del tiempo. He leído que una investigación reciente replantea esta cuestión.
C.R.: Ha habido especulaciones sobre los intervalos mínimos de espacio y tiempo y estos podrían ser mayores de lo que en general se esperaba. Algunas personas creían que eso podría llevar a que se produjeran agujeros negros diminutos en el acelerador de partículas del CERN. Hasta ahora, la naturaleza ha dicho no a esas especulaciones porque no ha aparecido ningún agujero negro.

A.L.: Describe el tiempo como un conjunto de estructuras o estratos. ¿Están la materia oscura y la energía oscura relacionadas de alguna forma con la comprensión del tiempo?
C.R.: No veo una relación directa con la energía oscura. De hecho, creo que esta no es tan misteriosa como se suele decir. La materia oscura, en cambio, es algo misterioso y nosotros estamos investigando una posible relación entre la gravedad cuántica y la materia oscura, pero de momento esto no es más que una especulación alocada.

A.L.: ¿Cuál es su opinión sobre el multiverso?
C.R.: Por el momento no veo ninguna evidencia interesante para creer en una pluralidad de universos. Si llegan pruebas, las tendré en cuenta. Los multi-universos son un intento de explicar unas cuantas observaciones que contendrían muchísimos mundos; la buena ciencia explica muchas observaciones con pocos elementos.

A.L.: Su libro es un homenaje muy conmovedor a los físicos Wheeler y DeWitt. Esta no pretende ser una pregunta, sino una simple alabanza a sus hermosas palabras.
C.R.: ¡Gracias! Ellos han sido mis héroes intelectuales y también me llegan al corazón.

A.L.: ¿Cuál de sus libros recomendaría a los alumnos de instituto? ¿Y a los de universidad?
C.R.: Para estudiantes de instituto, recomendaría sin dudarlo Siete breves lecciones de física. Algunos centros italianos ya lo han elegido como lectura recomendada, e incluso como lectura obligatoria. A los estudiantes de universidad les sugeriría Anaximandro de Mileto: el nacimiento del pensamiento científico. Es un libro extraño, pero me encanta.

A.L.: Gracias por su tiempo. ¿Qué piensa escribir ahora?
C.R.: No tengo previsto publicar ningún libro nuevo porque he vuelto a la investigación científica a tiempo completo. Estoy trabajando en los agujeros negros, tratando de comprender lo que, de acuerdo con la gravedad cuántica, ocurre en el centro de estos fenómenos.

Andrés Lomeña
14 de mayo de 2018

sábado, 12 de mayo de 2018

ENTREVISTA CON DAVID ALWORTH

ANDRÉS LOMEÑA: Ha explorado el “mundo palpable” y ha descubierto que los lugares literarios aún son terra incognita. ¿Cómo se ha acercado a los sitios de la literatura como espacios para los encuentros sociales? Y sobre todo, ¿cómo deberíamos revisitar la historia literaria para comprender los lugares de las novelas y de otras ficciones?
DAVID ALWORTH: Tengo la sensación de que las localizaciones son un rasgo muy poco explorado en la ficción literaria y en las novelas en particular. Hay muchos libros excelentes sobre personajes, como el de los académicos Deidre Lynch, John Frow y Alex Woloch, pero la discusión sobre los lugares narrativos es difusa y dispersa. Creo que necesitamos una teoría de los lugares que sea comparable a la que se ha desarrollado para los personajes literarios. Idealmente, esa teoría se aplicaría a un amplio espectro de ficciones, desde los principios al presente. Yo empecé con las ficciones estadounidenses de posguerra, ya que esos relatos nacieron en un contexto donde el “lugar” era un término crucial para la producción cultural y literaria. De este modo, me di cuenta de que la historia de la novela es también la historia de la especificación de los lugares: el proceso de definir y delimitar un sitio particular y su sociabilidad. ¿Podríamos haber llegado, por ejemplo, al realismo literario sin lugares como las islas, los barcos, los interiores domésticos, las ciudades y las mansiones? Quizás, pero sería un tipo de realismo muy diferente que podría haberse leído más como ciencia-ficción o fantasía.

A.L.: Su investigación se acerca al realismo especulativo de Grant Hamilton o a la teoría del actor-red de Latour. Me consta que Eileen Joy trabaja en un libro titulado Weird reading. ¿Qué está sucediendo en el campo literario y cuál es su contribución?
D.A.: Mencionas a algunos de los académicos que me han ayudado a pensar en este tema. Quisiera contribuir a este asunto con la idea de que la literatura (y la novela realista en particular) encierra una sociología en sí misma: el esfuerzo por desentrañar el misterio y la complejidad de la vida colectiva, una explicación literaria del flujo fronterizo y transitorio entre personas, cosas y sistemas. En la literatura hay un tratado de las relaciones y la sociabilidad tan robusto como el tratado de la conciencia humana y las cosas materiales que vemos en las novelas de, pongamos por caso, Henry James. Hay un motivo por el cual Erving Goffman trató las novelas como algo más que un tipo de registro social, y es que adaptó las ideas sobre las interacciones sociales de Kenneth Burke, que a su vez adaptó esas ideas de los prefacios de James. La novela, o lo que yo entiendo como novela, es un recurso sociológico de primer orden que nunca puede reducirse a un mero informe sobre la sociedad que la produjo o sobre las mistificaciones ideológicas de la sociedad.

A.L.: Mi lectura atenta es pobre porque solo consigo ver en algunas ficciones la alienación de los personajes en su entorno. Supongo que no puedo escapar del todo al análisis marxista en forma de inconsciente político que propone Fredric Jameson, algo que usted ha intentado superar. ¿Lo ha conseguido?
D.A.: Es difícil rebatir a Jameson y casi imposible estar en desacuerdo con Marx. Ambos pensadores siguen siendo fundamentales para mí. Sin embargo, combato sus abstracciones: sociedad, estructura, clase. No es que yo reniegue de la existencia y la fuerza de esas abstracciones, pero me pregunto si esos conceptos son precisos para el presente. ¿Se sostiene la idea marxista de clase? ¿El concepto de sociedad de Jameson (que toma de Marx y de Durkheim) aún explica la experiencia real de un actor social en la era digital? La respuesta, como sugeriría cualquier pensador dialéctico, es sí y no. Habitamos un mundo social con circunstancias más o menos apremiantes muy dispares a las de finales del siglo XIX, por más que el proceso de modernización y la acumulación del capital que tanto Marx como Jameson discutieron sigan condicionando la producción, la circulación y el consumo de cultura.

A.L.: Los espacios que analiza son supermercados, vertederos, ruinas, psiquiátricos y carreteras. No sé si la razón del olvido de los lugares en las novelas se debe a la dificultad de reducir las acciones a unos pocos sitios representativos. Después de todo, la maleabilidad de la novela implica que se puede saltar de un espacio a otro. ¿Cuál es su explicación?
D.A.: Bajtin caracterizó la novela como un género “plástico” en sí mismo, lo que quiere decir que es una forma infinitamente flexible y fluida. No es ninguna sorpresa que haya sobrevivido en el presente, a pesar de todas las fuerzas culturales desplegadas contra ella. Mi intuición es que la novela continuará existiendo mucho tiempo, probablemente como una forma artística algo obsoleta; no obstante, tal y como advirtió Walter Benjamin, la obsolescencia tiene un gran poder analítico. Seguiremos aprendiendo con las novelas cómo es la vida social en ciertos lugares, más que nada porque la vida social siempre es específica de los sitios o está muy localizada ambientalmente, como cualquier otra forma de vida (tal y como te diría un biólogo). La ciencia-ficción, la fantasía, la literatura de terror y otros ejemplos de la llamada literatura de género no son menos útiles que las novelas de Virginia Woolf o James Joyce para comprender los vínculos sociales.

A.L.: Pienso en las camas de Oblomov y En busca del tiempo perdido, o en la bañera de El cuarto de baño de Jean-Philippe Toussaint. Encuentro lugares que representan una extraña búsqueda de la inmovilidad. Por el contrario, hay lugares como las carreteras donde el movimiento es el motor del artefacto literario. ¿Qué sitios cree que faltan por analizar? Imagino que no pudo abarcar todos los lugares fértiles para el estudio literario.
D.A.: Nunca intenté abarcarlo todo en Site Reading. Esa completitud es una fantasía. En lugar de eso, intenté ofrecer un paradigma productivo para repensar la ficción narrativa en prosa en relación con la vida social y los lugares situados en el espacio y el tiempo. La esperanza que albergo es que mi análisis sea útil para otros académicos. La ambición de completitud se convierte así en algo más que una fantasía: se vuelve una aspiración colectiva. ¿Qué pasaría si leemos las novelas como intentos de entender la vida social en lugares específicos, es decir, como explicaciones microsociológicas de experiencias individuales en la colectividad? No sé la respuesta. Todo lo que sé es que la colectividad se manifiesta en localizaciones materiales, al igual que la subjetividad, la conciencia y la individualidad se manifiestan a través de personas completamente corporeizadas. Deberíamos prestar atención a cualquier tipo de lugar con la misma intensidad con la que hemos observado a las personas y las cosas.

A.L.: No bromeo al decirle que esperaba con ansiedad un libro sobre las portadas de libros… y usted lo ha escrito, aunque aún no se ha publicado. ¿Nos puede anticipar algo?
D.A.: El libro sobre las portadas de libros aún está en desarrollo. Me alegra mucho que quieras adelantar algo sobre él, pues eso hace que me sienta alguien de provecho, así que gracias. Es un proyecto colaborativo con el diseñador Peter Mendelsund. Él está elaborando todas las imágenes y diseños mientras que yo me encargo de la escritura. Es un experimento transmediático, una verdadera colaboración. Nuestro objetivo es entender mejor si las portadas de libros se pueden entender como arte o simplemente como publicidad. Nosotros creemos que son artísticas, pero reconocemos que las portadas de libros se sitúan en los confines de la literatura y de este modo conforman un espacio limítrofe entre el texto y el mundo, así que no es arte en el sentido tradicional del término. Pero, ¿acaso seguimos pensando que el arte es un espacio privilegiado y separado de su entorno mediático y cultural?

Andrés Lomeña
12 de mayo de 2018

sábado, 10 de marzo de 2018

ENTREVISTA CON SHEILA TAORMINA

La única deportista olímpica en tres modalidades diferentes (natación, triatlón y pentatlón) presenta la segunda edición de su libro Swim Speed secrets.

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Nadar más rápido en todos los estilos empieza con una referencia a cómo dominar un deporte a partir de las diez mil horas de entrenamiento. Usted nadó unas doce mil horas antes de entrar en el equipo olímpico. ¿Cuántas horas llevará ya?
SHEILA TAORMINA: No soy una firme defensora de la regla de las diez mil horas. Creo mucho más en una práctica decidida y deliberada. En otras palabras, si una persona practica concienzudamente más de tres mil horas, creo que es más valioso que hacer diez mil horas de forma mecánica. Dicho esto, pienso que cuanta más práctica se tenga, mejor se llega a ser, asumiendo que haya tiempo suficiente para recuperarse del ejercicio. Una persona necesita descansar después de periodos de prácticas muy específicos. Si no descansa, puede terminar quemada o sobrecargada.
No sé exactamente cuántas horas he practicado entre 1996 y 2018 porque no hice ningún deporte entre 1996 y 1998, y desde 2008, cuando me retiré de los deportes competitivos, he sido muy irregular con mi rutina de nado. Supongo, no obstante, que durante mis años de triatlón (desde 1999 a 2004) nadé una media de seis horas a la semana durante 48 semanas. Esto suma 288 horas al año. Si lo multiplicamos por cinco años, eso da alrededor de 1.440 horas de nado durante mis años de triatlón. En mis años de pentatlón entrené algo menos de natación, así que calculo unas cinco horas a la semana durante las mismas semanas. Eso son 240 horas al año. Estuve en pentatlón desde 2005 a 2008, así que esto son 4 años por 240 = 960 horas. Si sumamos las 960 horas de los años del pentatlón más las 1.440 del triatlón, tenemos 2.400 horas de nado entre 1999 y 2008. Desde ese año habré nadado unas dos horas a la semana durante cincuenta semanas, lo que supone cien horas al año. Estoy sorprendida… no está nada mal. No era consciente de lo mucho que he nadado. Esto suma un total de mil horas de natación desde que me retiré de la competición. Por tanto, unas 3.400 horas desde 1996.

A.L.: En su libro ha explicado perfectamente las teorías de los vórtices en el agua de Cecil Colwin y la teoría de la resistencia de Ernest Maglischo. Reconoce la importancia de los dos paradigmas. En todo caso, ¿cuál de ellos elegiría si tuviera que enfatizar solo uno?
S.T.: Las teorías de Colwin y de Maglischo son valiosas, pero si tuviera que elegir una me quedaría con la de Maglischo. Creo que un nadador acelera el agua hacia atrás para tomar impulso hacia adelante del mismo modo que un reactor de propulsión. Tenemos que tener en cuenta que la resistencia y la tercera ley de Newton en un fluido es diferente a como funciona con los sólidos. Con un fluido, tiene que haber aceleración (un cambio de velocidad). En la nueva edición de mi libro Swim Speed Secrets, que salió hace unos días, profundizo en el cambio de velocidad de la mano.
También me gustaría reconocer la teoría de los vórtices de Colwin porque me gusta la idea de la acción rotatoria de las extremidades. La posición del húmero y su articulación con el hombro cambian cuando este progresa a través de las fases propulsoras de la brazada y esto habría que tenerlo en cuenta. Colwin es el único entrenador que conozco que ha desarrollado este tipo de acción de las extremidades. Por tanto, aunque no estoy de acuerdo del todo con la propulsión de los vórtices, los conceptos rotatorios son muy importantes.

A.L.: ¿Cómo han evolucionado los entrenamientos? Se entrena más y los tiempos siguen bajando...
S.T.: Hay un debate muy interesante en los círculos de la natación sobre cuánto entrenamiento es ideal. No creo que los tiempos estén mejorando por el aumento del volumen de trabajo. Ahora mismo estoy llevando a cabo un estudio de la Universidad de Georgia sobre los planes de entrenamiento de los equipos de natación. Estoy comparando los planes de entrenamiento de 1993-1994 (cuando Georgia era un buen equipo, pero no era excepcional y nunca tuvo una medalla olímpica) con los de 2015-2016 (cuando Georgia ha ganado siete campeonatos de la NCAA y ha metido a siete nadadores en el equipo olímpico de Río). No he terminado el estudio, así que no puedo hacer afirmaciones categóricas, pero ya tenemos algo. Hay una gran diferencia en el entrenamiento de las piernas. La patada se valora y se entrena mucho más ahora que en los ochenta y en los noventa. Una patada de calidad que dé potencia es una gran característica en los entrenamientos actuales. Creo que los nadadores consiguen mucho más de la “tracción trasera”.
Por último, los ejercicios de fuerza de los nadadores (el entrenamiento en el gimnasio) es mucho más sofisticado ahora.

A.L.: ¿Cuántas brazadas se recomiendan antes de respirar? Los nadadores suelen respirar para observar a los rivales, así que también querría preguntarle si estos deberían centrarse en la técnica de nado o en controlar a sus contrincantes.
S.T.: Parece que los nadadores de ahora respiran con más frecuencia que en el pasado. Con la excepción del cincuenta metros a estilo libre (durante el cual se respira una o dos veces nada más), los atletas suelen respirar cada brazada a un lado, o alternan la respiración cada tres brazadas. Incluso en las pruebas de cien metros algunos nadadores respiran cada brazada, mientras que otros respiran cada dos ciclos completos de brazos (cada cuatro brazadas). Esto me sorprendió mucho. Mi opinión es que desde que los nadadores tienen más masa muscular (por los entrenamientos de fuerza que ya he mencionado), necesitan más oxígeno para los músculos. Aquí no me remito a ninguna investigación, solo se trata de mi opinión.
Los estudios muestran que la velocidad hacia adelante disminuye cuando se respira, así que el análisis coste-beneficio dice, como resulta obvio, que el oxígeno que va a los músculos es más importante que el ligero descenso de la velocidad.
No estoy de acuerdo con los atletas que respiran con mayor frecuencia por los beneficios psicológicos de ver la competición. Los nadadores pueden saber cómo se desarrolla la competición sin necesidad de hacer respiraciones adicionales para calcular su posición. Por ejemplo, en la mariposa y en la braza, si hubiera una ventaja psicológica significativa al ver la prueba, entonces los atletas girarían la cabeza hacia el lado cuando la sacan del agua. No vemos que lo hagan con frecuencia. Los nadadores ven a los rivales a estilo libre porque es más eficiente girar la cabeza al lado durante la brazada. En resumen, los atletas respiran con tanta frecuencia como necesiten para obtener la cantidad óptima de oxígeno y no calculan el número de respiraciones en base a la frecuencia con la que necesitan ver a los demás nadadores.

A.L.: ¿Cuáles son sus carreras favoritas?
S.T.: Mis carreras favoritas no son las típicas que tenemos en mente cuando pensamos en las Olimpiadas. Desde luego que disfruto con la rivalidad entre los mejores, como Le Clos y Phelps; sin embargo, en las Olimpiadas siempre me inspiran esas eliminatorias en las que el atleta de un país remoto rompe el récord nacional. Puede que no esté tan cerca como para llegar a la final, pero el espíritu de los juegos está vivo cuando vemos a los mejores de cada país dando lo mejor de sí mismos. Se me saltan las lágrimas con esas pruebas. También me encanta ver a los que optan a medalla. La prueba de doscientos metros es mi preferida en todos los estilos, y también los doscientos metros estilos porque ahí es donde hay más estrategia.

A.L.: ¿Qué nadadores nos recomendaría por su espíritu o personalidad?
S.T.: Aleksandr Popov, por ejemplo. Les hablo a los nadadores de él en cada concentración. Hizo cincuenta metros libre en 21.6 segundos hace casi dos décadas y el oro olímpico en 2016 estuvo en 21.4 segundos. Popov no tenía bañadores especiales ni los trampolines de ahora. Él es un fuera de serie como atleta.

A.L.: ¿Qué estilo ve más prometedor en los próximos años?
S.T.: No sé cómo va a evolucionar la natación en cada campeonato, pero creo que seguirá progresando en general y en las pruebas largas en particular. En las grandes distancias puedo ver a los atletas manteniendo la distancia por brazada mientras entrenan una frecuencia más rápida. Creo que eso es lo que hace Ledecky. En la nueva edición de mi libro muestro que la distancia por brazada es un efecto de la mecánica de la brazada, es decir, hasta dónde se desplaza el cuerpo como resultado de la acción de la brazada. En cuanto a la frecuencia, es un efecto de los entrenamientos. De ahí que diga: “El entrenamiento importa”. Los nadadores no pueden mantener la distancia por brazada y la frecuencia a menos que entrenen para lograr esa combinación. Algunos nadadores mantendrán esos ritmos durante la mitad de la carrera e incluso un poco más, pero aquellos que entrenen para mantenerlo más tiempo batirán los récords. Escuché que Popov entrenó de esta manera incluso para el cincuenta metros libre. Él no permitió que la frecuencia bajara ni siquiera en los dos o tres ciclos de brazadas finales.

A.L.: He leído que la lectura y la natación son bastante similares porque son actividades solitarias y muy gratificantes. Necesitamos una buena novela sobre la natación.
S.T.: Nunca he pensado en las similitudes entre la natación y la lectura o la escritura. Tienes razón. Ambas me encantan por las características que señalas. Me sumo a tu esperanza de que un día haya una gran novela sobre la natación.

9 de marzo
Andrés Lomeña

jueves, 1 de marzo de 2018

CONTRA LA LECTURA: ENTREVISTA CON MIKITA BROTTMAN

La autora de Contra la lectura (Blackie Books, 2018) nació en Sheffield en 1966. Es doctora en literatura inglesa, psicoanalista y profesora en el Maryland Institute College of Art, en Baltimore.

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Contra la lectura empieza con una comparación entre los placeres de la lectura y las consolaciones de la masturbación. Sé que el título no tiene que leerse de forma literal, ya que usted defiende el acto de lectura, pero no su idealización sistemática. Me pregunto qué tipo de reacciones ha provocado el libro en profesores, pedagogos y otras personas de humanidades.
MIKITA BROTTMAN: Cualquiera que lo haya pensado un instante, sabe que en realidad no me opongo a la lectura. La mayoría de personas con algo de juicio se dieron cuenta de que el título no iba en serio. Las personas de humanidades que han leído y analizado la obra parecían estar de acuerdo conmigo, al menos la gente de la universidad. Creo que muchos lo ven del mismo modo que yo: están cansados de la presuposición irreflexiva de que la lectura, por su propia naturaleza, es virtuosa. También creo que muchos temen decirlo.

A.L.: Su argumento principal es que el acto de lectura no desemboca necesariamente en la mejora del ser humano. Agradezco de veras su mordacidad porque creo que el humanismo es bastante ingenuo a la hora de destacar el valor social de la literatura. ¿Cuál ha sido la razón principal para concebir su proyecto? No sé si prima su enfado hacia los profesores de literatura que tuvo, lo ridículo que le parecen los clubes de lectura o el hartazgo del elitismo interpretativo en la literatura.
M.B.: Pues justo todo lo que estás señalando. Quería poner este fetichismo de la lectura en un contexto cultural e histórico más amplio para mostrar que el acto de leer solo se ha considerado virtuoso desde hace muy poco (antes era malo, o una pérdida de tiempo, o pecaminoso). Así bajarían a La Tierra algunos. Quería ofrecer un contrapeso. Además, quería recordar que la lectura puede ser muy poco práctica y que no te hace forzosamente más feliz ni mejor persona. Es suficiente con que nos proporcione placer. No hay necesidad de justificarla en base a ese humanismo social del que hablas.

A.L.: Cumbres borrascosas fue una mala herramienta para su educación sentimental. En mi caso, El guardián entre el centeno no consiguió el efecto deseado. Además, Werther me transmitió una idea totalmente equivocada sobre el amor. ¿No será que usted quería atacar el idealismo y el romanticismo en la literatura?
M.B.: Estoy convencida de que hay un momento para el idealismo y para el romanticismo. Ese momento se da cuando eres más mayor y has experimentado el amor y las relaciones románticas, y necesitas algo sobre lo que fantasear; así puedes seguir creyendo en esas ideas y recordar días llenos de pasión. Cuando eres una chica y no has tenido una sola relación, no creo que sea de mucha ayuda creer que vas a conocer a una persona especial a la que serás fiel toda la vida. Ahí necesitas dosis de realismo. Cuando eres más mayor y también más cínico respecto a la condición humana, entonces te viene bien el idealismo.

A.L.: En su libro rescata una historia muy divertida de David Lodge en la que unos profesores de literatura confiesan las grandes obras maestras que no han leído. Uno de ellos menciona Hamlet y su trayectoria académica se va al traste. ¿Qué grandes novelas no ha leído? No tenga miedo, yo aún no he podido con Ana Karenina, El conde de Montecristo o Grandes esperanzas...
M.B.: ¡Hay muchas! No creo que sea algo de lo que avergonzarse. Cada uno tiene sus gustos. He intentado leer Finnegan's Wake más de una vez y nunca llegué muy lejos. Lo mismo con el Ulysses. Tampoco he leído El conde de Montecristo ni Robinson Crusoe. Nunca he leído las obras históricas de Shakespeare. Me cuesta leer obras poco narrativas sin muchos personajes femeninos. Es solo mi gusto personal.

A.L.: ¿Qué piensa de los derechos del lector de Daniel Pennac?
M.B.: Pennac se dirige a una mayoría que se siente culpable porque no disfruta con la lectura o no lee lo suficiente. Yo me dirijo a una minoría que lee demasiado. No me gusta su “derecho a leer en voz alta” porque eso puede ser muy molesto, del mismo modo que puede ser molesto que alguien haga ruido, ya sea un bebé llorando o un adulto hablando por el móvil. No hay nada especial en el ruido de alguien que lee. ¡Guárdatelo para ti!

A.L.: Sé que esto no es una competición, pero tengo que preguntarle cuántos libros lee al año.
M.B.: Esta es una de las preguntas que transforman los libros en un fetiche. Nunca he intentado contarlo y no sabría cómo hacerlo. Leo algunos libros de pe a pa, pero qué hacemos con las obras de referencia que no he leído y que consulto. O con las que leí en su mayor parte, pero no terminé. Mi novio y yo nos leemos el uno al otro y alternamos capítulos a diario. ¿He leído esos libros? También escucho muchos audiolibros y he releído un montón de obras. ¿Cómo debería contabilizar?

A.L.: ¿No ha pensado en escribir una secuela? Ya le digo yo el título: La mortificación solitaria. Contra la escritura.
M.B.: ¡Es una gran idea y un título magnífico! La escritura también está idealizada como si fuera una virtud en sí misma, al margen de lo que escribas. Hay numerosos grupos de escritura creativa, talleres, clubes y clases. Hace poco descubrí una tendencia muy popular en Estados Unidos donde un grupo de personas se conoce en una cafetería o en un bar solamente para escribir. Me imagino que la idea de estar juntos servirá de ayuda, pero la escritura es una actividad solitaria. Si quieres escribir, simplemente escribe. No necesitas arreglarte ni salir a conocer gente para escribir. Eso es lo que haces cuando has terminado y necesitas un descanso.

A.L.: Díganos un libro que recomendarías para quedarse dormido.
M.B.: Oblómov de Iván Goncharov.
- Otro para acostarse con alguien.
M.B.: Los 120 días de Sodoma del marqués de Sade.
- ¿Y para reír?
M.B.: A Rationale of the Dirty Joke de Gershon Legman [un análisis cultural e histórico de más de dos mil bromas y cuentos tradicionales].
- Una obra para llorar.
M.B.: Or Not to Be: A Collection of Suicide Notes de Marc Etkind [sobre las notas de suicidio de personalidades como Van Gogh o Sylvia Plath].
- Algo para leer en el váter.
M.B.: Halo in the Sky: Observations on Anality and Defense de Leonard Shengold [un estudio psicoanalítico y literario de la fase anal freudiana].
- Por último, un libro para saber morir.
M.B.: El último recurso de Derek Humphry [un manual para moribundos sobre cómo suicidarse].

1 de marzo de 2018
Andrés Lomeña

jueves, 30 de noviembre de 2017

EL PERIODISTA DE PARTÍCULAS

Me alegra mucho "publicar" este libro digital. He reunido las once entrevistas sobre física que aparecieron en el blog Naukas. Además, he escrito un prólogo donde intento dar coherencia a un proyecto que parecía algo deslavazado. ¡Ahí va!

EL PERIODISTA DE PARTÍCULAS

miércoles, 1 de noviembre de 2017

ENTREVISTA CON STEVE KEEN

Profesor de economía en la Universidad de Kingston, crítico postkeynesiano de la economía neoclásica y experto en la hipótesis de la inestabilidad financiera de Minsky. Es el autor de La economía desenmascarada y una de las voces que anticipó la crisis de 2007. Puedes seguirle y apoyar sus proyectos en www.patreon.com/profstevekeen

ANDRÉS LOMEÑA: En La economía desenmascarada, usted señala que la mayoría de los errores y sesgos de la escuela neoclásica son falacias de agregación. Explica, por ejemplo, que la curva de la demanda no es necesariamente decreciente, sino que puede adoptar casi cualquier forma. ¿Cuál es la crítica a la economía neoclásica más aceptada? ¿Qué reacciones ha tenido su obra?
STEVE KEEN: Tienes razón en que la mayoría de los errores de la economía neoclásica se reducen a falacias de agregación. Hay dos razones para entender por qué sucede esto. En primer lugar, los neoclásicos lo intentan derivar todo de sus elegantes fundamentos microeconómicos, que son empíricamente falsos. Sabemos por la teoría de sistemas complejos que eso no se puede hacer: “La psicología no es biología aplicada”, por citar al Nobel de Física Philip Anderson. En segundo lugar, incluso si esas inferencias fueran posibles, imposibilitaron las agregaciones al partir de una teoría subjetiva del valor.
Los jóvenes estudiantes de economía parecen estar muy influenciados por La economía desenmascarada, lo cual me halaga, ya que ellos han sido uno de mis dos objetivos principales (el otro público al que me dirigía estaba compuesto por los activistas de áreas como el cambio climático, la lucha contra la pobreza o la justicia social, enterrados con frecuencia por el discurso de los economistas). Hay una aceptación bastante extendida de mis críticas a la economía neoclásica por parte de economistas no neoclásicos, así como de mis críticas a la economía marxista por parte de no marxistas. Los neoclásicos rechazan todas las críticas excepto una que ellos mismos desarrollaron y las banalizan en lugar de tomárselas en serio. Los marxistas se comportan del mismo modo respecto a las críticas de la teoría del valor-trabajo.
Dentro de la economía neoclásica, la única crítica que han aceptado es la del llamado teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu según el cual no podemos derivar una curva de la demanda del mercado descendente simplemente añadiendo curvas de demanda de individuos heterogéneos que consumen bienes heterogéneos. Los neoclásicos tergiversaron la conclusión y sostienen que es válido usar un “agente representativo” o asumir que todos los individuos tienen curvas de Engel lineales y paralelas, lo que significa que se asume que todos los bienes y todos los consumidores son idénticos (curvas de Engel lineales y paralelas quiere decir que el consumo no cambia cuando cambian los ingresos, lo que implicaría que no hay bienes de lujo ni necesidades).
Es irónico que los neoclásicos hayan terminado por evitar la crítica a sus teorías asumiendo una condición que socava sus propios fundamentos. Si todos los bienes son idénticos, entonces no tiene sentido el concepto de “precios relativos”, que es una creencia cuasi religiosa. Además, en sus propios círculos están deseando admitir que algunas críticas importan (como en algunas discusiones sobre el teorema de Sonnenschein-Mantel-Debreu), pero cuando un outsider como yo señala las posibles implicaciones que tienen, simplemente te insultan. Aquí tienes algunos casos representativos que ocurrieron en 2012:

http://www.creditwritedowns.com/2012/04/banks-matter-krugmans-barter-mysticism.html
http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/04/02/oh-my-steve-keen-edition/
http://www.debtdeflation.com/blogs/2012/04/04/krugman-apologises/

Los neoclásicos se comportan como trolls con sus críticos y esos ataques solían funcionar antes de la crisis financiera porque el público aceptaría que eran expertos y que los críticos estábamos muy mal informados. Después de la crisis global de 2008 ya no pudieron escabullirse, aunque tienden a comportarse del mismo modo.
En cuanto a las demás críticas, aquellas desarrolladas por otros economistas no neoclásicos como Piero Sraffa (más la que yo añadí sobre las falacias lógicas de la competencia perfecta marshalliana), los neoclásicos las rechazan o argumentan que han hecho cambios a la teoría que las tienen en cuenta. Respecto a mi crítica, confunden la teoría de juegos de Cournot (que es matemáticamente válida, aunque sea localmente inestable) con la de Marshall, que era la que yo estaba criticando, y ya de paso me menosprecian. Es frustrante, pero no es diferente a intentar convencer a los mormones de que el libro de los mormones es una fantasía.

A.L.: Conozco a muchos economistas que se han formado con el manual de Mankiw, que usted desaprueba. ¿Qué libro recomendaría a los estudiantes para que aprendan macroeconomía? ¿Y para la microeconomía? Le preguntaría por la mesoeconomía, pero ni siquiera tengo claro que sea un campo relevante para usted.
S.K.: Para llegar a ser economista, primero sugeriría aprender dinámica de sistemas, si es que se imparte en tu universidad, o hacer cursos básicos de matemáticas (cálculo básico y álgebra, así como ecuaciones diferenciales, incluyendo las propiedades básicas de los sistemas no lineales de tercer grado), y también estudiar historia y centrarse en los siglos que van del XVII al XIX, lo que incluirá la evolución del capitalismo (recomendaría un curso en historia económica, pero la mayoría de las universidades ya no los ofrecen). Luego lee un libro sobre la historia del pensamiento económico como el de Bruce Caldwell. Por último, puedes leer mi libro y también el de John Blatt sobre dinámica de sistemas económicos.
La microeconomía es inútil tal y como se enseña en los manuales. Es mejor leer la teoría del precio del postkeynesiano Fred Lee, que abarca setenta años de investigación empírica de las estructuras de costes de las empresas reales, lo que no guarda ninguna relación con los modelos de broma que salen en manuales como el de Mankiw.
El concepto meso es sensato. La interacción de muchas entidades diferentes genera lo que nosotros observamos como macroeconomía y la idea que implica lo meso sobre las relaciones entre los individuos y las dinámicas agregadas es significativa.

A.L.: ¿Los postkeynesianos intentan crear una economía alternativa completa?
S.K: Estamos intentando desarrollar una economía alternativa para reemplazar la neoclásica del mismo modo que Brahe, Kepler, Copérnico, Galileo y Newton desarrollaron una alternativa a la cosmología ptolemaica. El problema para lograr esa finalidad es que los postkeynesianos no comparten una teoría del valor como sí hacen los neoclásicos o, de un modo muy distinto, los marxistas, así que hay muchas disputas entre los postkeynesianos para producir una visión coherente y aceptada de la economía. Lakatos dijo que los programas de investigación científica tenían un núcleo de creencias que los definían: los neoclásicos y los marxistas lo tienen, los postkeynesianos aún no.

A.L.: ¿Cuál es su postura frente a los bienes Giffen? A propósito, no le pregunto por otros conceptos porque se escapan a mi entendimiento, así que igual le conviene publicar una versión abreviada y sencilla de La economía desenmascarada.
S.K.: El concepto de los bienes Giffen fue un intento de explicar la gran hambruna irlandesa desde una perspectiva neoclásica y son un mito: están para que parezca que la regla siempre es la curva de la demanda descendente, pero tal y como sostengo en el libro, los neoclásicos ni siquiera pueden inferirla de su propia teoría.
Tengo presión en dos direcciones opuestas: algunas personas quieren que escriba una versión simplificada y otros que publique una versión con todos los desarrollos matemáticos. Supongo que debería hacer las dos, pero el problema es dónde hallar el tiempo para hacerlas.

A.L.: ¿Qué puede anticiparnos de la tercera edición de su obra?
S.K.: Añadí muchas críticas a la macroeconomía de los neoclásicos en la segunda edición y mostré un poco de la alternativa monetaria postkeynesiana. Desde entonces, como tuve que diseñar el software de Minsky, he aprendido mucho sobre dinero y modelización monetaria, así que cambiaría sustancialmente los capítulos sobre la teoría monetaria.
También reordenaría el libro. Ya no necesito la visión general del mundo que aparece como punto de partida, ya que la crisis volvió a la gente mucho más abierta a aceptar que debían existir sesgos en la teoría económica si apenas advirtió el mayor acontecimiento económico del pasado siglo (tampoco se predijo la Gran Depresión). Empezaría con todas las cosas que son categóricamente verdaderas: las empresas dan con los costes unitarios decrecientes cuando aumentan la producción, los consumidores no maximizan la utilidad, los bancos, el dinero y la deuda son esenciales en el capitalismo, el equilibrio es algo más bien dinámico en el sentido que le dio Keynes, y así sucesivamente. Y luego abordaría las críticas.
También añadiría muchas ideas sobre la energía. He encontrado el modo de incorporarla en los modelos de producción durante el último año, y eso haría más fácil tener secciones en el libro sobre energía y ecología.

A.L.: Recomiéndenos un libro.
S.K.: Los desposeídos de Ursula K. Le Guin. Es una historia de ciencia-ficción, lo que permite a la autora explorar conceptos que serían muy difíciles de imaginar en un plano más realista. La novela es magnífica.

A.L.: Una película.
S.K.: Los héroes del tiempo de Terry Gilliam. Una comedia fantástica y descabellada al estilo Monty Python.

A.L.: ¿Paul Krugman o Stiglitz?
S.K.: Stiglitz. Al menos Joe sabe que hay alternativas al DSGE [equilibrio general dinámico estocástico] y al modelo IS-LM.

A.L.: Díganos algo positivo sobre el euro.
S.K.: El diseño de los billetes está muy bien. Cuando se vuelvan obsoletos y las economías europeas vuelvan a las monedas nacionales que nunca debieron abandonar, los viejos euros serán útiles para decorar o empapelar.

A.L.: ¿Qué le viene a la mente cuando escucha hablar sobre la teoría monetaria moderna?
S.K.: Muchas cosas, aunque sobre todo la importancia de tener una comprensión realista de la creación del dinero. Es absurdo que la escasez sea lo más fácil del mundo para crearlo, pero también es importante tener más de una perspectiva en economía. La TMM te permite entender algunas cosas sobre la creación de dinero y sobre la ausencia de restricciones monetarias en el gasto gubernamental. En cambio, no te permite comprender las complejas dinámicas de una economía capitalista. Para eso necesitas conocimientos en sistemas dinámicos y complejos.

A.L.: ¿Qué opina de una Renta Básica Universal?
S.K.: Estoy a favor por varias razones. La principal es que asumo que la robótica y la inteligencia artificial reemplazarán la mayoría de trabajos productivos actuales, trabajos que estén directamente relacionados con la creación de bienes y servicios reales. Muchos trabajos, por no decir la mayoría, merecen la caracterización que David Graeber acuñó: trabajos de mierda. Alrededor del ochenta por ciento del empleo actual no produce ningún resultado físico y algunas actividades están asociadas a la creación de deuda.
Muchos postkeynesianos apoyan el Trabajo Garantizado antes que una Renta Básica Universal basándose en que sería más eficaz que dar un salario. Creen que los ciudadanos se volverían perezosos si no se les pide que trabajen para vivir. Yo creo que esa visión es tremendamente puritana (veo a gente muy ocupada con el baile, los deportes o la creación artística).

A.L.: ¿A cuál de estos economistas prefiere? Jean Tirole, Oliver Hart y Richard Thaler.
S.K.: Richard Thaler, Oliver Hart y con una puntuación muy negativa, Jean Tirole.

A.L.: ¿Se atreve a pronosticar quién ganará el Nobel de Economía en 2018? ¿Paul Romer?
S.K.: Mi predicción es que será alguien ligeramente a la izquierda del centro del tablero económico que trabaje en el territorio fronterizo del pensamiento neoclásico. Pero sí, Romer si intentaran una especie de redención tras la crisis financiera global, una expiación del estancamiento secular. Si se lo dan a alguien como Summers vomito...

1 de noviembre de 2017

jueves, 26 de octubre de 2017

ENTREVISTA CON MARK SAINSBURY

Autor de FICCIÓN Y FICCIONALISMO.

ANDRÉS LOMEÑA: El ficcionalismo tiene que ver con las cosas que somos capaces de pensar. Estas no tienen valor en los términos habituales de verdad o falsedad, de manera que están gobernadas por otro tipo de normas, como la adecuación empírica o la utilidad. Me gustaría preguntarle si este enfoque es parte del legado pragmatista.
MARK SAINSBURY: El ficcionalismo consiste en que deberíamos tratar el “discurso” como una “ficción”: el discurso no aspira a ser verdadero, sino más bien útil. El ficcionalismo en la aritmética dice que los números deberían considerarse como entes tan (o tan poco) reales como Don Quijote o Sherlock Holmes. La cuestión en aritmética no es tanto describir un supuesto reino de los números, sino ayudarnos en proyectos prácticos (la construcción de puentes, por ejemplo).
Del mismo modo, la ficción no aspira a ofrecer descripciones directas de la realidad, sino a ser útil en varios sentidos: entretener, agradar, elevar o instruir. La conexión con el pragmatismo es engañosa. Los pragmatistas sostienen que lo verdadero es lo útil, así que no podrían distinguir entre una ficción útil y una verdad. Así, podríamos decir que son en cierto modo ficcionalistas en la medida en que reconocen el valor de la utilidad. También podríamos decir que no tienen los recursos para declararse ficcionalistas, ya que no hacen distinciones entre la verdad y la utilidad. Creo que la segunda opción es la más acertada.

A.L.: De acuerdo con la novela El ferrocarril subterráneo de Colson Whitehead, habría trenes reales transportando esclavos hacia la realidad, incluso aunque ese ferrocarril subterráneo fue simplemente un grupo clandestino que luchaba por la abolición de la esclavitud, según sabemos por los hechos históricos. Whitehead sería un “literalista” de la historia oficial al transformarla para sus propósitos literarios.
M.S.: Tal y como dices, una ficción puede integrar hechos reales, de una forma simple como en Guerra y Paz o de maneras más sutiles, lo que implica alguna capa metafórica adicional, como en el libro de Whitehead que mencionas. Me temo que los ficcionalistas filosóficos no prestan atención a esos aspectos sutiles de la ficción.

A.L.: ¿Qué implican los narradores no fiables para el ficcionalismo?
M.S.: Podemos hablar de una verdad-en-la-ficción y la necesitamos para comprender lo que ocurre. Un narrador no fiable se aleja de la verdad ficcional y a su vez es parte de la ficción. Algo puede ser verdadero en la ficción, pero también un personaje en la ficción puede decir algo falso. No he notado que estos matices preocupen a los ficcionalistas, pero deberían tenerlos en cuenta. Por ejemplo, decimos que las personas cuyos puntos de vista morales difieren de los nuestros están equivocadas: los demás tendrían falsas creencias morales. El ficcionalista moral podría ver esto como una muestra de que alguno de nosotros es un narrador poco fiable: uno de nosotros ha cometido un error sobre lo que representa la ficción de la moralidad.

A.L.: También hay inconsistencias en muchas obras literarias, como objetos que aparecen y desaparecen en la ficción porque el autor olvidó que su personaje los tenía. ¿Qué explicación ofrece el ficcionalismo?
M.S.: Los ficcionalistas en realidad no ofrecen explicaciones de la ficción, solo reclaman que sus temas dentro del ficcionalismo (las matemáticas o la moralidad) deberían considerarse una ficción. Sería un motivo de disputa decidir si una ficción inconsistente puede resultar útil. Hay filósofos que seguramente creerían que sí (Graham Priest sería un buen ejemplo de esto).

A.L.: ¿Hay algunas propiedades esenciales en la ficción, una haecceitas?
M.S.: Hay personajes ficcionales en el sentido banal de que hay ficciones en las que aparecen los personajes. Cuando alguien escribe una novela, solo añade los habitantes del mundo al texto. Esos personajes no existen, de modo que no constituyen una verdad o una mentira metafísica. Solo hay verdades ficcionales y estas representan una función de lo que el autor ha decidido contar.

A.L.: La oración Anna Karenina es más inteligente que Emma Bovary parece verdadera, pero no pertenece al mismo marco de referencia, son mundos de ficción diferentes.
M.S.: Así es. He intentado mostrar cómo el pensamiento podía ser verdadero incluso cuando no hay personajes ficcionales: la verdad es relativa a ciertas presuposiciones, pero nunca es real ni absolutamente verdadera.

A.L.: Puedo pensar en un pegaso combinando la idea de caballo con el concepto de alas, y también puedo imaginar que la gente no muere de cáncer, aunque no sea capaz de imaginar una cura específica. En cambio, no sé si realmente puedo pensar en una una hidra con “infinitas” cabezas o visualizar un triángulo de cuatro ángulos.
M.S.: No veo ningún problema en una hidra con infinitas cabezas: aunque se las cercenes, sigue conservando otras. Como no creo que haya personajes de ficción en el mundo real, esto no supone ningún desorden para mí. Puedes entender mi libro como un intento de justificar la visión de Bertrand Russell de que la lógica ya no puede consentir un unicornio que la zoología permita.

A.L.: ¿Qué le llevó a investigar la ficción?
M.S.: Hay una larga tradición a la hora de pensar la representación como una relación entre las palabras y las cosas. En la filosofía analítica de finales del siglo XX llegó a ser la visión estándar, e implicaba que cualquier nombre o representación genuina que significara algo tenía que poseer un portador o referente. Esto conlleva un dilema: o las palabras como pegaso carecen de significado o tienen portadores. Ninguna de las alternativas era plausible. En Referencia sin referentes intenté combatir, tal y como puedes suponer por el título, la postura que conduce a este problema y llevé esa visión general más allá en Ficción y Ficcionalismo para poder aplicarla a los nombres ficticios.

A.L.: Recomiende una novela...
M.S.: Acabo de leer La casa de los nombres de Colm Toibin y me ha parecido realmente buena. Para aquellos a los que les interese la filosofía de la ficción, trata la cuestión de si el personaje de Electra escrito por Toibin es el mismo que el de la obra de Esquilo.

A.L: Un libro de filosofía que merezca la pena...
M.S.: Me gusta Las variedades de la referencia de Gareth Evans.

A.L.: Díganos algo sobre Kripke y Lewis…
M.S.: Kripke y Lewis estaban en el mismo departamento de Princeton, así que tiene que haber historias sobre sus relaciones personales. Imagino que debió existir un alto grado de admiración mutua. En los noventa, muchos filósofos habrían señalado a estos dos pensadores como los más destacados de nuestro campo.

A.L.: ¿Quiénes son sus tres mosqueteros?
M.S.: Frege, Davidson y quizás Grice.

A.L.: Por último, ¿qué me dice de un personaje ficticio que llamaré Sainsbury?
M.S.: Supongo que está intentando llegar al fondo de la cuestión de la representación. Mi próximo libro tratará sobre la percepción y la representación. Algo muy complejo, me temo, pero mi yo ficcional se abrirá camino a través de ese problema y alcanzará una teoría que sorprenda a todo el mundo por su originalidad y poder explicativo.

26 de octubre de 2017