miércoles, 14 de septiembre de 2016

ENTREVISTA CON GAVIN HESKETH

Físico experimental de partículas, investigador del CERN y autor del libro The Particle Zoo (editado por Quercus). En la actualidad goza de una beca de investigación de la Royal Society.

ANDRÉS LOMEÑA: Nací en 1982 y nunca estudié los quarks en el instituto. Un amigo químico justifica este olvido en el currículo porque, según él, los quarks no afectan a las reacciones químicas. ¿Se debería estudiar el zoo de las partículas en Bachillerato?
GAVIN HESKETH: Yo tampoco los estudié, pero creo que deberíamos hacerlo. La ciencia no solamente trata sobre los hechos en bruto, también tiene que ver con la imaginación y con enfrentarse a algunas de las grandes preguntas de la vida, cuestiones equivalentes a preguntarse de qué está hecho el universo o de dónde surgió. Los quarks son una parte esencial de la respuesta. Pensamos que son partículas elementales, los ladrillos básicos de tu persona y de la mía, de La Tierra y de todas las estrellas y toda la materia del universo entero. Creo que nos deberían hablar de esas ideas en la escuela.
Es verdad que los quarks están un poco alejados de nuestra experiencia cotidiana del mundo (aunque no están lejos del todo: se encuentran en medio de cada átomo), pero si le preguntaras a cualquier estudiante inglés por su primera lectura de Shakespeare, probablemente también te diría que está bastante alejada de la vida cotidiana. La escuela no debería tratar solamente contenidos puramente prácticos y creo que los estudiantes no son diferentes de cualquier otra persona: todos recibimos inspiración por medio de las grandes ideas.

A.L.: ¿Corremos el riesgo de llegar al final de la física, tal y como ha sugerido recientemente Harry Cliff? Después de todo, el LHC no está encontrando una nueva física, tan solo está corroborando la que ya había. Por el contrario, no dejo de leer sobre fotones oscuros, nuevos bosones X e Y, así que no parece que estemos ante ningún declive de la física.
G.H.: Es un momento verdaderamente interesante para ser físico de partículas. Por un lado, tenemos una magnífica descripción del mundo subatómico, la teoría conocida como Modelo Estándar. Durante los últimos cuarenta años ha pasado casi cualquier prueba experimental que le hemos hecho. Y aun así, cuando intentamos usar la descripción del mundo subatómico del Modelo Estándar como descripción de todo el universo, hay grandes problemas, inmensos obstáculos que el Modelo Estándar no puede describir: la gravedad es el más obvio, pero también hay otras cosas misteriosas que llamamos materia oscura y energía oscura, así como otros problemas. Responder a cualquiera de esas preguntas requiere algo nuevo. Algunos físicos hablan de “ir más allá del Modelo Estándar”. Así que de ninguna manera estamos presenciando el final de la física. El Modelo Estándar no es una descripción completa del universo y sabemos que queda mucho por descubrirse… algo como un nuevo bosón X o Y, e incluso algo que aún no podemos imaginar.
La pregunta sería: ¿dónde están todas esas cosas nuevas? Creo que los próximos cinco o diez años serán cruciales. El Gran Colisionador de Hadrones es el acelerador de partículas más poderoso que se haya construido jamás y puede buscar nuevas partículas en regiones a las que antes no teníamos acceso. Hay muchos otros experimentos menores que arrancarán en los próximos años para buscar la materia oscura o para entender las extrañas propiedades de los neutrinos. Podríamos estar al borde de un nuevo descubrimiento, motivo por el cual hay mucho entusiasmo en la física de partículas ahora mismo, como cuando apareció una resonancia en los datos del LHC en 2015 (el llamado “exceso de difotones a 750 GeV”). Pudo haber sido la primera señal de una nueva partícula y se escribieron alrededor de quinientos artículos teóricos para tratar de explicar qué podía ser. Ninguno de los experimentos aseguraba ser un descubrimiento y parece que ese exceso era solamente una fluctuación estadística: cuando miramos en los datos tomados en 2016 no encontramos nada. Aún no hay rastro de la nueva física.
También nos preguntamos qué pasa si nada nuevo aparece en el LHC o en cualquier otro experimento. Es posible que los nuevos hallazgos estén fuera del alcance de la tecnología que tenemos. Para mí no sería el final de la física, sino un momento para abrazar nuevas ideas y tomar nuevas direcciones. La física de partículas en veinte años no se parecerá en nada a la de hoy, pero creo que intentar comprender el universo es algo que las personas nunca dejarán de hacer.

A.L.: En su libro The Particle Zoo describe las ventajas de usar los diagramas de Feynman para visualizar la desintegración de las partículas. Para los inexpertos aún resulta confusa la amplia variedad de transformaciones que se pueden observar; la más fácil sería la creación de un electrón y un positrón a partir de un fotón. ¿Hay alguna regla general para aprender este aspecto de la física de partículas?
G.H.: Una de las razones de que las partículas subatómicas sean tan fascinantes es que son completamente diferentes a cualquier cosa que experimentamos en el mundo. Las partículas hacen cosas que parecen imposibles y todo cuanto tenemos para guiarnos son las matemáticas que describen su comportamiento. Lo que es tan útil de los diagramas de Feynman es que ofrecen una imagen bastante intuitiva de lo que dicen las matemáticas; teóricos y físicos experimentales usan esos diagramas por igual para dibujar lo indibujable, por eso los uso en mi libro El Zoo de las Partículas. Esos diagramas son simples por varios motivos: uno sería que la teoría más precisa que tenemos (la versión cuántica de la fuerza electromagnética) puede hacerse con tan solo tres pequeños dibujos. Hay que aprenderse algunas reglas y eso lleva tiempo, sobre todo cuando las partículas empiezan a hacer cosas raras, como cuando la materia se vuelve energía y viceversa. Hay algunos principios generales como el de la conservación de la energía (no puedes obtener algo a cambio de nada), pero incluso esta regla puede torcerse de vez en cuando. Si todo fuera sencillo, no sería tan interesante. Y los diagramas de Feynman son, sin duda alguna, mucho más fáciles que aprenderse toda la parte matemática.

A.L.: He leído que habría dos tipos de cuerdas. No le quiero preguntar por la controvertida teoría de cuerdas. En lugar de eso, quisiera preguntarle por el momento específico en el que los científicos van de las ecuaciones a la representación de las mismas. ¿Cómo se convierten los números y los cálculos matemáticos en una cuerda unidimensional? ¿Cómo se pasa de la abstracción a los objetos microscópicos reales?
G.H.: La historia de la ciencia está llena de ejemplos de personas que localizan patrones en la naturaleza y descubren las causas subyacentes. En El Zoo de las Partículas menciono la ecuación de Dirac, que parece muy simple (son solo cinco símbolos), pero describe el comportamiento de cualquier electrón en el universo. La ecuación de Dirac es mucho más simple de comprobar porque sabemos cómo medir los electrones.
La teoría de cuerdas es algo distinto y personalmente la veo en la actualidad más cercana a las matemáticas que a la física. Buena parte del trabajo relativo a la teoría de cuerdas es intentar resolver cómo se conecta con el universo real. Si decimos que todas las partículas son “de verdad” cuerdas unidimensionales, ¿qué significa eso? ¿Tiene consecuencias que podamos medir? Hoy por hoy no está nada claro y eso ha sido parte de la respuesta negativa que se ha producido contra la teoría de cuerdas en los últimos años. Como trabajo en el lado experimental, tiendo a una visión más empírica: no creo que podamos probar si la teoría de cuerdas es correcta solo con matemáticas. Creo que aún hay mucho que no sabemos sobre el universo, pero la única forma de descifrarlo es tomando más datos experimentales. Los grandes avances en ciencia, desde el electromagnetismo (que nos llevó a la relatividad de Einstein) a la mecánica cuántica y el Modelo Estándar, han venido después de los nuevos resultados experimentales. Ahora mismo la teoría no está haciendo ninguna predicción sólida sobre lo que podríamos descubrir, así que los datos experimentales son más importantes que nunca.

A.L.: ¿Qué es una partícula sin masa? No sé si hablamos de ciertas partículas que carecen por completo de masa o de partículas que en el ámbito teórico no requieren masa (como el gravitón). Los neutrinos tienen masa y hace no mucho los científicos pensaban que era otra partícula sin masa. En definitiva, me pregunto si las partículas sin dimensiones y las partículas sin masa son simples idealizaciones matemáticas.
G.H.: Podemos darle la vuelta a la pregunta: ¿qué es la masa? Nuestro conocimiento actual del universo dice que todas las partículas deberían carecer de masa, pero algo ocurrió de forma prematura en el universo, lo que conocemos como el mecanismo de Higgs. En esencia, podemos decir que hay una fuerza extra de la naturaleza que parece “pegarse” a las partículas, haciendo que aparezca la masa. Solamente el fotón y el gluon escapan a esto y permanecen sin masa. Esto es, a todas luces, una idea de lo más alocada, llenar el universo con una fuerza extra de la naturaleza a la que acceden la mayoría de las partículas… y ese es el motivo por el que el bosón de Higgs era tan importante. El bosón de Higgs es la partícula asociada a esta fuerza extra y su descubrimiento en 2012 probó que toda la idea en su conjunto era correcta.
Las partículas con dimensión cero es una idea muy extraña. Lo que podemos decir actualmente es que las partículas son tan pequeñas que no podemos medir su tamaño. En las matemáticas de la física de partículas, es mucho más simple asumir que no tienen ningún tamaño, ya que deja de ser relevante para las cosas que calculamos y comprobamos. Estas suposiciones crean ciertos problemas: los cálculos tienden a fallar a energías muy altas o cuando intentamos explicar qué ocurrió en el universo inmediatamente después del Big Bang. La teoría de cuerdas trata de sortear estos problemas matemáticos diciendo que las partículas no son puntos de dimensión cero, pero ahora mismo no tenemos forma de comprobar esa idea.
Por lo tanto, las partículas sin masa y las partículas de cero dimensiones no son metafísicas. Son una parte muy real de la mejor descripción del universo que hemos podido conseguir. Es una descripción del universo, no necesariamente “la verdad” (podríamos ver que las partículas no son de dimensión cero si pudiéramos mirar lo suficientemente cerca). La única forma de saberlo es seguir llevando los experimentos más allá.

A.L.: ¿Qué decir entonces de las cuasipartículas? Tengo entendido que son herramientas matemáticas para simplificar la descripción de los sólidos. Ya resulta complicado pensar en decenas de partículas diferentes como para ahora añadir estas cuasipartículas: excitones, fonones, orbitones y plasmones. ¿Llegaremos a ver una tabla periódica de la física de partículas más simple que la actual?
G.H.: Sí, hay muchas de esas cosas que aparecen en diferentes lugares, pero solo hay doce partículas que sean fundamentales. Cuatro partículas forman la “primera generación” de la materia: el electrón, el quark arriba y el quark abajo (con estas tres partículas se forma toda la materia que nos rodea), además de un neutrino que interviene en algunas formas de radioactividad. Hay dos copias más pesadas de esas partículas, y suman doce en total. Por ahora no comprendemos del todo por qué la “tabla periódica” del Modelo Estándar tiene esta estructura. Puede que esas partículas no sean fundamentales, sino diferentes disposiciones de partículas aún más pequeñas. Eso explicaría la estructura de la “tercera generación” y finalmente nos daría una lista mucho más simple de las partículas realmente fundamentales. Esta es una de las grandes preguntas abiertas en la física de partículas... y me encantaría conocer la respuesta.

A.L.: ¿Cuál es su partícula favorita?
G.H.: Esta es fácil: el bosón Z. Escribí mi tesis sobre este bosón y la he usado varias veces para hacer nuevas mediciones. Se descubrió en 1983, pero ahora es una de las partículas más estudiadas. Es algo así como un fotón con masa, pero tanto el fotón como el bosón Z son en realidad dos combinaciones inseparables de otras partículas, el bosón W0 y el bosón B. Vivimos en un universo extraño.

A.L.: ¿Cuál es la partícula más solitaria para usted?
G.H.: La WIMP (partículas masivas que interactúan débilmente), que en estos momentos creemos que formaría la materia oscura. Esta cosa extraña flota alrededor del universo, pero en realidad no parece interactuar con ninguna de las demás partículas que conocemos.

A.L.: ¿Y la más sociable?
G.H.: Los gluones. No se encuentran de forma aislada, y aunque hay ocho tipos de gluones, no podemos diferenciarlos… ¡Imagina tener ocho gemelos!

A.L.: ¿Cuál es la más rápida? ¿Y la más lenta?
G.H.: Esta doble pregunta encierra cuestiones muy interesantes. Todas las partículas sin masa viajan a la misma velocidad: la velocidad de la luz. Esto significa que los fotones y los gluones (y los gravitones, si es que existen) son los más rápidos. Sin embargo, los gluones nunca viajan muy rápido porque están atados dentro de otras partículas (así que supongo que son los aspirantes a la partícula más lenta) y los fotones tienen difícil viajar a través de las cosas. Hagamos una carrera: cuando una estrella explota en una supernova, expulsa toda clase de partículas en todas las direcciones. Si hay una supernova a una distancia de varios años luz, ¿qué partícula nos alcanzaría primero? No sería el gluon, pues probablemente no llegaría hasta nosotros. Tampoco el fotón: viaja rápidamente, pero es lento en la salida, al ser absorbido, reflejado y desperdigado por el resto de materia que sale de la supernova. Así que el ganador es… ¡El neutrino! Los neutrinos son muy ligeros y vuelan cerca de la velocidad de la luz, pero apenas interactúan con la materia, así que salen directos de la colisión y nos alcanzan los primeros. En la supernova más famosa (famosa para los físicos de partículas, claro), SN1987A, los neutrinos llegaron unas cuantas horas antes que los fotones. Ahora tenemos detectores de neutrinos gigantes alrededor del mundo que pueden avisar a los astrónomos de la aparición de una supernova.

A.L.: ¿Y la más agradable?
G.H.: Solo puedo dar una respuesta antropocéntrica a tu pregunta. Creo que el fotón es bastante simpático porque sería difícil imaginar el mundo sin él. Casi toda la vida en La Tierra depende de los fotones que llegan desde el Sol. Usamos fotones para ver y experimentar el mundo que nos rodea. También los usamos para aprender cosas que ocurrieron en los confines del universo a muchos millones de años luz.

A.L.: Díganos cuál es la partícula más inesperada o extraña de todas.
G.H.: En 2011, el experimento OPERA hizo algunas mediciones que parecían mostrar cómo los neutrinos viajaban más rápidos que la velocidad de la luz. Eso los hubiera convertido sin el menor género de dudas en las partículas más extrañas de todas, ya que nada puede romper ese límite de velocidad universal. Aunque fue un error de medición, los neutrinos siguen siendo las partículas más extrañas e imprevisibles. Miles de millones nos atraviesan todo el tiempo sin hacer nada; pueden cambiar de un neutrino a otro mientras viajan y, tal y como he escrito en El Zoo de las Partículas, puede que sean la clave para responder a algunas de las grandes preguntas de la física de partículas. ¡Si al menos fueran un poco más dóciles a la hora de medirlos!

A.L.: ¿Entonces el quark extraño no es tan raro como su nombre sugiere?
G.H.: No es más extraño que las demás partículas infinitamente pequeñas (masivas, aunque sin masa) que viajan a través del tiempo según el Modelo Estándar. Como el quark extraño fue una de las primeras cosas exóticas que se descubrieron, en su momento parecía una partícula de lo más rara.

14 de septiembre de 2016

viernes, 5 de agosto de 2016

ENTREVISTA CON MARTIN BOJOWALD

El físico alemán Martin Bojowald, nacido en 1973, ha trabajado en el instituto Max Planck de Alemania y en la actualidad imparte clases en la Universidad Estatal de Pensilvania. Es el autor del libro de divulgación científica Antes del Big Bang (Debolsillo, 2015).

ANDRÉS LOMEÑA: La cosmología cuántica de bucles es un modelo cosmológico cada vez más relevante. Los periodistas perciben los paradigmas científicos como una guerra abierta, pero no voy a preguntarle si la gravedad cuántica de bucles ha derrotado finalmente a la teoría de cuerdas. Preferiría preguntarle qué se entiende por un “bucle” en la teoría cuántica de bucles.
MARTIN BOJOWALD: El “bucle” en la gravedad cuántica de bucles denota un objeto matemático que se usa en la configuración básica de la teoría. Las personas a veces tratan de visualizarlo como un bloque elemental o un átomo de espacio (como el anillo de una cota de malla), pero no está claro si esta interpretación se apoya en realidad en la teoría. El “bucle” en la gravedad cuántica de bucles es, por tanto, mucho menos intuitivo que la “cuerda” en la teoría de cuerdas. Hablando de cuerdas, no creo que esta teoría haya sido derrotada. La gravedad cuántica de bucles y la teoría de cuerdas aún nos ofrecen resultados sobre las posibilidades de la física en situaciones muy diferentes, así que es difícil compararlas. Ambas teorías pueden tener algo de verdad y las dos tienen que perfeccionarse. Si hay alguna lucha, la más importante se libra dentro de cada una de las teorías para asegurarse que satisfacen todas las condiciones de consistencia interna.
En la gravedad cuántica de bucles se da una covarianza que nos dice que una teoría del universo hecha de bloques elementales tiene que permitir ciertas simetrías para proporcionar un espacio-tiempo propiamente dicho. Por ejemplo, si usamos los bucles como bloques elementales, estos tienen que estar lo suficientemente separados en una especie de hoja de cuatro dimensiones, y que no colapsen unos con otros. Aún no sabemos si este es el caso de la gravedad cuántica de bucles. Una investigación reciente indica que puede haber sorpresas: en algunos casos que se han calculado, no obtenemos un espacio-tiempo tetradimensional, sino un espacio de cuatro dimensiones espaciales y ninguna temporal. Este ejemplo ilustra que la consistencia de la gravedad cuántica de bucles todavía no es lo suficientemente sólida.

A.L.: El físico Don Lincoln no cree firmemente en la existencia de los “preones”, pero para él estas hipotéticas partículas elementales son una intuición más fuerte que la de los bucles o las cuerdas. ¿Cuál es su intuición?
M.B.: De acuerdo con la gravedad cuántica de bucles, la materia tendría sus propios bucles independientes de los bucles del espacio. Las versiones actuales no incluyen preones, así que obtendríamos quarks y leptones de los bucles. Sin embargo, la teoría es muy flexible en términos de materia y uno podría formular una versión con preones entre los bucles y los quarks. No se ha hecho hasta ahora, pero sería posible. En contraste con la teoría de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles no aspira a lograr la unificación de las fuerzas y de las partículas elementales, de ahí que no haga muchas afirmaciones sobre las posibles formas de la materia.

A.L.: ¿Qué papel desempeña la temperatura de Planck [a veces llamada “calor absoluto”, en contraste con el “cero absoluto”] en el origen del universo y de qué manera se romperían las leyes de la física a esa temperatura?
M.B.: No sabemos mucho sobre la física a la temperatura de Planck porque la materia está mucho más caliente que cualquier cosa que podamos describir de manera fiable con teorías verificadas por los experimentos. Si usamos la relatividad general para retrotraer el actual estado del universo hasta el Big Bang, vemos que esta temperatura, y otras aún más altas, deberían haberse dado en ese momento. No sabemos si esa extrapolación es correcta porque no hay pruebas observacionales de la relatividad general a esas temperaturas extremas. En este sentido, la temperatura de Planck es un concepto teórico, pero al margen de las razones prácticas, no hay nada en la física que limite la temperatura de un plasma para que sea inferior a un determinado valor.

A.L.: La cosmología cuántica de bucles es útil si nos acercamos al instante antes del Big Bang. También sería útil en el instante antes del Big Crunch, sin que eso implique que vaya a darse un Big Crunch. He leído que el Big Bang podría estar relacionado con la existencia de agujeros blancos. ¿La idea de los agujeros blancos tiene algún valor en la actualidad?
M.B.: No creo que el concepto de agujero blanco sea muy útil en astrofísica o en cosmología. Un agujero blanco es el reverso temporal del agujero negro, así que las cosas que normalmente caen en un agujero negro saldrían por un agujero blanco. Es una simple construcción teórica, pero sabemos que la regresión temporal de los procesos comunes (como la rotura de una taza) son poco comunes y no demasiado relevantes en las observaciones reales. Respecto a la cosmología cuántica de bucles, ya no está claro que podamos hablar de algo antes del Big Bang. Tal y como mencioné arriba, algunos modelos recientes han mostrado que el tiempo puede desaparecer del espacio-tiempo, normalmente cuando hay una alta densidad o temperatura. Si esto hubiera ocurrido en el Big Bang, la temperatura podría permanecer limitada, pero la materia no tendría forma de atravesar las regiones atemporales en torno al Big Bang (o a un posible Big Crunch). Cuando escribí Antes del Big Bang, este resultado aún no estaba disponible, pero hubo un precursor que llamé “olvido cósmico”. La intemporalidad es aún más fuerte que ese olvido cósmico y requiere que repensemos los modelos del universo basados en la cosmología cuántica de bucles. Este proceso no se ha completado.

A.L.: Ha descrito los viajes en el tiempo como espejismos producidos por las descripciones matemáticas. También dice en su libro que el origen del tiempo quizás solo sea una convención nacida de las ecuaciones. Me temo que va a decepcionar a los periodistas que están esperando ideas tan exóticas como los universos-burbuja. ¿Qué cree que se descubrirá en los próximos años en torno a ese misterioso periodo previo al Big Bang?
M.B.: En gravedad cuántica de bucles, la cuestión de la intemporalidad tiene que entenderse mucho mejor. En física solemos pensar en términos de dinámica y evolución o cómo cambian las cosas en el tiempo. Estamos casi perdidos cuando ya no existe el tiempo. Creo que este desarrollo es bueno porque la sensación de estar perdido te devuelve un cierto grado de humildad que estaba ausente cuando la gente (aquí me incluyo) empezó a hablar sobre qué había “antes del Big Bang” en términos demasiado concluyentes, o al menos más concluyentes de lo que estaba justificado por la teoría. Aunque agrade a los periodistas, demasiada especulación es perniciosa para la ciencia porque empuja los avances científicos hacia direcciones que son probablemente erróneas. Está bien hacer algunas sugerencias que capten el interés de los periodistas y de los lectores en general, pero es problemático cuando una especulación se convierte en un programa completo de investigación que solamente se sustenta por su aroma a ciencia-ficción.

A.L.: Le deseo mucha suerte en sus investigaciones.
M.B.: Aún estamos en una fase temprana en la investigación de la gravedad cuántica. No hay observaciones que puedan contarnos cómo tenemos que modificar la relatividad general y la mecánica cuántica para que puedan combinarse en una única teoría. Las condiciones de consistencia matemática aún no se han calculado completamente. Deberíamos ser pacientes hasta que esto se consiga con cierto grado de éxito.

5 de agosto de 2016
Andrés Lomeña

lunes, 11 de julio de 2016

ENTREVISTA CON KATHERINE BODE

Profesión: Profesora en la Universidad Nacional Australiana
Obras destacadas: Reading by Numbers
Palabras clave: literatura australiana, Humanidades Digitales
Fecha de realización: 11 de julio de 2016

ANDRÉS LOMEÑA: En su libro Reading by Numbers ha comentado las fortalezas y debilidades de las Humanidades Digitales. ¿Ha encontrado resistencia contra este nuevo campo de investigación en su país?
KATHERINE BODE: Creo que como en todas partes. En Australia hay académicos que son reacios a las Humanidades Digitales y hay quienes las aceptan de buena gana (y, por supuesto, los hay que aún no se han decidido). Las preocupaciones del primer grupo son prácticamente similares en Australia que en el resto de lugares: las Humanidades Digitales serían una manifestación del impulso neoliberal para mercantilizar la investigación, o bien fracasarían a la hora de producir resultados útiles. Creo que es importante darse cuenta de que las Humanidades Digitales no son algo compacto. No solamente son un conjunto de debates y prácticas diversas de las diferentes disciplinas humanísticas; además, los profesionales adoptan diferentes enfoques dentro de esos campos. Por ejemplo, las Humanidades Digitales aplicadas a los estudios literarios muestran una división entre quienes están interesados por la teoría y aquellos a los que les preocupa la historia. Dentro del campo de la historia, hay un amplio rango de paradigmas, como la Text Encoding Initiative (TEI), la edición académica digital, la historia literaria rica en datos, la compilación digital, el desarrollo de bases de datos, etcétera.
Lo que nombras como fortalezas y debilidades de las HD es mi manera de preguntarme acerca de cómo Franco Moretti ha empleado un marco cuantitativo y digital, y de qué manera se relaciona con los enfoques que ya tenemos sobre la historia del libro. En un artículo que estoy preparando para la revista Modern Language Quarterly desarrollo esta crítica al atribuir ciertos problemas de la “lectura distante” a ideas preconcebidas que hemos heredado de la tradicional “lectura atenta” de los estudios literarios. Aún está en fase de preimpresión:
https://katherinebode.files.wordpress.com/2014/07/equivalence1.pdf
En este tipo de crítica, donde las Humanidades Digitales están específicamente sometidas a examen, es tan necesario refutar la visión homogénea que prevalece entre quienes están fuera de este campo de estudio como enriquecer la discusión y la reflexividad desde dentro de ese marco de trabajo.

A.L.: ¿Cómo ha encarado el reto de aprender métodos cuantitativos en el ámbito de la literatura?
K.B.: Hay tantos métodos en las Humanidades Digitales que no creo que sea viable o deseable adquirir competencias en todos ellos. En lugar de eso, creo que la mejor forma de acercarse a las HD es dejarse llevar por las preguntas de la investigación que te interesan. Soy consciente de los diferentes métodos que están desarrollándose o aplicándose en las Humanidades Digitales al acudir a charlas y conferencias, leyendo blogs y hablando con colegas de profesión. Sin embargo, lo que me motiva es aprender a aplicar un método particular cuando pienso: “Eso puede ayudarme a investigar el tema X o la idea Y a la que he llegado en mi investigación”, que es una historia de la lectura y del libro. A continuación, intento encontrar un curso sobre ese método (hay un número creciente de esos cursos ahora, ya sean de pago o gratuitos), pero también puedo elegir aprender por mí misma, leyendo la documentación asociada y experimentando con la herramienta. En cualquier caso, siempre buscaré artículos que se refieran al potencial crítico del método en particular y a describir su forma de uso. Es muy importante que reconozcamos e investiguemos las ideas preconcebidas y los argumentos que subyacen a los métodos de las Humanidades Digitales, al igual que ocurre en las humanidades en general (o en cualquier otro campo de estudio).

A.L.: ¿Cómo definiría la literatura australiana después del “giro transnacional”?
K.B.: El llamado giro transnacional ha sido un rasgo fundamental en la crítica literaria australiana de la última década. Robert Dixon, uno de los académicos más prominentes de este giro, lo describe como la intención de “explorar las muchas formas en que la literatura nacional siempre ha estado conectada al mundo” (“Australian Literature-International Contexts,” 2007, 20). Esto significa que debemos tomar en consideración las obras y autores en relación a la traducción, las culturas internacionales, las formaciones intelectuales, los premios o los sistemas de medios y la edición internacional (este es el área que a mí me interesa).
El gran beneficio del giro transnacional es que desafía la definición de literatura australiana que habíamos utilizado en el pasado: textos de autores que nacieron o vivieron la mayor parte de sus vidas en Australia, y también escritos centrados en asuntos australianos. Ahora nos preguntamos qué se considera “australiano” y lo pensamos a través de diferentes contextos. Encuentro el giro transnacional un contexto muy interesante con el que trabajar porque, al igual que en cualquier investigación basada en datos, sitúa la categorización en el centro de la reflexión. Aunque los análisis cuantitativos se perciben como positivistas, creo que el giro transnacional y los estudios literarios basados en datos tienen un gran potencial crítico ya que nos fuerzan a reflexionar sobre los términos con los que construimos nuestros objetos de estudio.

A.L.: Sé que es prácticamente imposible delinear la literatura australiana en unas pocas líneas, pero cualquier introducción sería bienvenida para comprender cómo las “obras menores” [sic] que ha estudiado fueron eclipsadas por las obras maestras de la literatura australiana.
K.B.: Lo cierto es que las “grandes obras” consiguieron ser diferentes en periodos muy distintos. A mediados del siglo XX, por ejemplo, los grandes escritores del siglo XIX eran autores como Henry Lawson y Banjo Patterson, los llamados “poetas del campo” [bush poets]. Con el nacimiento de la crítica literaria feminista a finales de los sesenta y los setenta, esos autores y la tradición que los ensalzó empezó a ser vista como “masculinizada” y orientada hacia una cultura del campo que no reflejaba las vidas de la mayoría de los australianos. Autoras como Miles Franklin y Ada Cambridge adquirieron relevancia. Todo esto no es más que una forma de decir que las grandes obras y autores son algo variable. La premisa de mi libro Reading by Numbers era que, dada esta contingencia, sería útil considerar la historia de la novela australiana basándome en lo que se leía y se valoraba en el pasado, más que en lo que ahora lee y valora la crítica literaria.
Con esa precaución en mente, me hace ilusión ofrecerte mi perspectiva del siglo XXI de los “grandes autores” de la tradición literaria australiana. En el siglo XIX destacaría obras como Mi impresionante carrera de Miles Franklin y Para el resto de sus días de Marcus Clarke. En la lista de principios del siglo XX incluiría El principio de la sabiduría de Henry Handel Richardson y Así es la vida de Joseph Furphy. Patrick White y Christina Stead son grandes autores de la mitad del siglo XX con obras como Tierra ignota y El hombre que amaba a los niños, respectivamente. Poetas como Les Murray y Oodgeroo Noonuccal han sido muy relevantes en las letras australianas a finales del siglo veinte, así como novelistas como Thomas Keneally, Kate Grenville, David Malouf y Tim Winton. Entre los autores más interesantes y con un perfil literario más alto, señalaría a Nam Le con su obra El barco, y a Alexis Wright, cuya novela Carpentaria es, a mi parecer, una de las obras australianas más innovadoras publicadas hasta la fecha.

A.L.: Su tarea no hubiera sido posible sin el proyecto AustLit (http://www.austlit.edu.au). Me pregunto si podríamos importar su metodología para investigar la literatura española.
K.B.: AustLit fue la fuente primaria para Reading by Numbers, la base de datos de todo lo que he rastreado, modelado y analizado para explorar la historia de la novela australiana desde la perspectiva de lo que se publicó y que estuviera disponible para su lectura. Cualquier bibliografía digital que permita a los usuarios buscar y exportar resultados de forma aceptable para el análisis cuantitativo es susceptible de usarse como la base primordial de este tipo de proyectos. Si vuestra biblioteca permite eso, se puede usar, pero los investigadores necesitarían calcular cuál es la cobertura bibliográfica y en qué categorías literarias se centra. Por ejemplo, AustLit, como la mayoría de las bibliografías, se centra en lo literario más que en el género “ficción”, así que esa fue una de las características de la base de datos que tuve en cuenta en mi análisis.

A.L.: Su próximo libro se llamará A world of fiction: digital archives and the future of literary history. No sé si ha usado la palabra “mundo” con alguna intención concreta. ¿Qué nos espera en su nueva inmersión literaria y digital?
K.B.: Aunque me interesa la world literature, no uso el término “mundo” en ese sentido. Lo hago con dos intenciones. La primera es una referencia distendida a la imagen espuria que la digitalización masiva nos ofrece del “mundo”, esto es, el acceso a todas y cada una de las obras de la literatura que han existido. En realidad, lo que está digitalizado es una subsección (y a menudo una subsección muy menor) de lo que se ha recopilado en archivos. En las colecciones digitales (y en las bibliografías digitales) necesitamos ser conscientes de la amplitud y de todas las ausencias para usarlas con inteligencia.
El segundo sentido de “Un mundo de ficción” es para referirme a la literatura que estoy estudiando en el libro. Analizo la inagotable base de datos de la National Library of Australia, que es la recopilación de periódicos históricos más grande y completa que hay, donde he descubierto que la ficción de todo el globo apareció en esas publicaciones periódicas australianas durante el siglo diecinueve: de Bretaña, América y Australia, pero también de Austria, Canadá, Francia, Alemania, Holanda, Hungría, Nueva Zelanda o Rusia. Las tecnologías digitales (tanto los archivos como los métodos disponibles) han hecho posible, por primera vez, descubrir un corpus de ficción e investigar estas publicaciones y su contexto literario.

A.L.: Muchas gracias por brindarnos la oportunidad de acercarnos a la literatura de su país.
K.B.: Quisiera reiterar que los recursos y métodos digitales no son intrínsecamente buenos o malos. Pueden usarse crítica e inteligentemente… o no. Más que celebrar o lamentar la llegada de esos recursos y métodos, la tarea que resulta apremiante es someterlos al estudio que siempre hemos reservado para sus hermanos analógicos: ¿Es un archivo útil? ¿Por qué o por qué no lo es? ¿Qué me permite entender de la obra literaria este nuevo paradigma crítico? Y así sucesivamente. Hay académicos mucho mejor preparados para indagar con herramientas no digitales, de ahí que tengamos que desarrollar una nueva forma de alfabetización. En todo caso, los humanistas ya poseen los pilares más importantes (el pensamiento crítico e historicista) con los que elevar las Humanidades Digitales.

sábado, 21 de mayo de 2016

ENTREVISTA CON JENANN ISMAEL

Profesora de filosofía en la Universidad de Arizona y autora del libro How physics makes us free

ANDRÉS LOMEÑA: ¿Estaba predestinada esta entrevista a convertirse en una realidad? He contactado con usted libremente, pero no elegí que su libro apareciera en mi muro de Facebook a través de la cuenta del físico Sean Carroll. ¿Qué tipo de libertad (positiva, negativa, externa, interna, etcétera) se da en la física?
JENANN ISMAEL: Depende de lo que quieras decir con “predestinado”. Soy consciente de que es la típica respuesta de un filósofo. Las personas odian que los filósofos nunca den una respuesta clara y que analicen inmediatamente el significado de las palabras. Algunas veces tienen razón al quejarse, pero en este caso, todo depende realmente de los significados. Hay diferentes significados para predestinación y distintos sentidos de libertad. La física descarta algunos y permite otros. He empleado cierto esfuerzo en el libro para enfatizar de qué manera el futuro “no” está predestinado y por qué “somos” libres, incluso en un régimen determinista. Desde mi perspectiva, si atendemos a las concepciones de autonomía y libertad que han desarrollado los filósofos que trabajan en asuntos como la responsabilidad moral y el autogobierno, el determinismo es compatible con todos aquellos conceptos que deberían preocuparnos.
Si la física es determinista o no sigue siendo una cuestión abierta, pero como el determinismo es frecuentemente visto como la fuente principal del riesgo científico a la libertad humana, el libro se mantiene dentro del campo determinista. La idea es mostrar qué tipo de libertad es posible dentro de los confines relativamente bien conocidos de la física clásica.
La libertad positiva que comento en el libro es aquella que permite la aparición de criaturas que regulan el impacto del medio ambiente en su comportamiento y lo hacen de acuerdo con las metas que nacen de sus propias elecciones. La libertad presupone seres que no están marcados pasivamente por el entorno y que recogen información sobre el curso de su historia; eligen, aprenden y construyen un conjunto de valores, objetivos, esperanzas y sueños (una concepción de quiénes son y qué quieren) con los materiales proporcionados por su experiencia, algo similar a cuando un escritor propone una serie de hechos imaginarios dentro de una historia, o como cuando un escultor transforma la piedra en una estatua. Este conjunto de información autocreada es la que los seres humanos usan para llevar a cabo sus decisiones. Este tipo de libertad es enteramente compatible con el determinismo. Nos da una especie de control sobre quiénes somos o qué elegimos que es bastante aproximado a lo que el sentido común supone. Este tipo de libertad es el producto de la sofisticación psicológica. En lugar de cablear las respuestas programadas a ciertos estímulos, la madre naturaleza proporciona al ser humano una plataforma psicológica que le permite “construirse un yo”. Hay dos partes importantes en el tipo de libertad que enfatizo: a) El yo ejercita una especie de papel creativo en su propia formación. b) El yo ejercita un control crucial sobre el comportamiento. Esto quiere decir que se puede modificar el estado externo de una persona sin que se logre cambiar su comportamiento, ya que el comportamiento depende de sus decisiones.
La “voluntad”, tal y como se suele emplear el término, es solamente un elemento práctico del yo, por así decirlo. Es la facultad mental que toma decisiones y ejerce un control motor sobre el cuerpo. Defiendo que existe libertad en la voluntad humana, en el sentido de que hay un control genuino e inalienable sobre lo que decides, aunque también haya limitaciones externas para la voluntad. Puedes levantar los brazos, cantar una canción o hacer la cena si decides hacerlo. También puedes tratar de ser bueno, gentil y simpático con los demás. No puedes, sin embargo, volar sin más o saltar por encima del Empire State Building simplemente deseándolo. Nuestros poderes físicos están limitados por las leyes de la física y estas leyes nos dan control sobre los movimientos voluntarios de nuestros cuerpos.
Si he captado tu terminología, caracterizaría mi forma de entender la libertad como un sentido positivo de libertad interna sobre nuestras voliciones, combinado con una libertad externa de nuestro comportamiento, que está controlado por la voluntad.

A.L.: Sartre dijo que estamos condenados a ser libres, Spinoza pensaba que el libre albedrío es solamente una ilusión y Kant sostuvo que no tenemos pruebas fehacientes de la libertad, pero tenemos que actuar como si fuéramos libres. ¿Dónde encajaría la física? Diría que en la segunda opción, pero su libro habla de cómo la física “nos hace” libres. Quizás todo esto no sea más que un “juego de lenguaje”.
J.I.: Coincido contigo en que parte de la dificultad radica en la confusión de términos. Palabras como “libertad” no aparecen en ninguna parte de la física, así que antes de que veamos si la física es incompatible con la libertad, tenemos que decir algo sobre lo que significa la libertad. No creo que tengamos una noción “preteórica” clara y perceptible sobre lo que es la libertad o el libre albedrío. El común de los mortales tiene una concepción sustancial e intensa sobre cómo funciona la vida “para él” cuando lleva a cabo sus elecciones. No hay un mandato en la estructura del mundo que impulse su mano o que le haga decidir de antemano. Él cree que su yo realiza la elección y eso solamente ocurre “aquí y ahora”. No está nada claro que esas convicciones preteóricas puedan ser meras ilusiones bajo leyes deterministas. Creo que parte del desafío consiste en compatibilizar esos dos aspectos, asumiendo que esas convicciones son acertadas en un contexto determinista. La tarea de reconciliación pasa por mostrar que nuestras ideas preteóricas pueden ser correctas, aunque requieren un examen profundo de las relaciones entre las leyes, el tiempo y el orden causal.
Al decir que la física nos hace libres, quiero expresar varias cosas. Una es que la física hace que seamos lo que somos. La física nos hace seres humanos y los seres humanos tienen la capacidad para ejercer el tipo de libertad que he descrito. También quise decir que nos hace libres en el sentido de que no equivale a ser hojas movidas por el viento, flores creciendo en el jardín o planetas orbitando alrededor del Sol. El cuerpo humano se mueve, si lo hace, bajo su propia voluntad. Y eso significa que, nos guste o no, tenemos que tomar decisiones. Significa que no solo tenemos la “capacidad”, sino la “carga” de decidir literalmente nuestro destino. Eso no evita que haya muchas constricciones a la libertad humana, ya sea por exigencias sociales, psicológicas o políticas. Hay circunstancias en las que nuestras decisiones, o la capacidad práctica para ejercerlas, están limitadas por los condicionantes de nuestras vidas. Dentro de esos límites, decidimos quiénes ser y cómo actuar.
Hay personas que tratan de vivir pasivamente, delegando el control de sus vidas a las personas o fuerzas de su entorno, pero esa opción es en sí misma una elección libre.

A.L.: ¿Qué opinión le merece la teoría de los mundos posibles? No tienen nada que ver las hipótesis de David Lewis o las de Hugh Everett, aunque ambas perspectivas sugieren que podemos imaginar diferentes caminos en nuestras vidas. Daniel Dennett rechazaría las dos propuestas.
J.I.: Pienso en los mundos posibles de la filosofía como una forma pintoresca de representar las posibilidades. No creo en el universo de mundos reales cerrados y desconectados entre sí que describe David Lewis. En esa acepción de mundo posible sería correcto decir que, en cualquiera de las vidas (o de los mundos separados en compartimentos estancos), los seres humanos tendrían muchos futuros posibles y no estaría fijado cuál de ellos se hará realidad, independientemente de su voluntad o de cualquier cosa que tenga lugar antes de que tomen sus decisiones.
En el multiverso de Everett, los mundos posibles no son universos literalmente cerrados, sino partes de nuestro universo. Si existen tales cosas es una cuestión empírica que se puede separar de los temas que discuto sobre la libertad humana.

A.L.: ¿Cree en la posibilidad del demonio de Laplace, una inteligencia tal que conociera todas las fuerzas de la naturaleza y así pudiera prever el futuro o conocer el pasado?
J.I.: En mi libro uso un argumento bastante raro y elegante de Michael Scriven. Un demonio laplaciano que supiera las leyes del mundo y sus condiciones iniciales podría fallar en su intento de predecir con exactitud el comportamiento de un dispositivo que funcionara de acuerdo con un mecanismo contrapredictivo, siempre y cuando el demonio tuviera que revelar su predicción al dispositivo. Tu primer pensamiento puede ser que tales dispositivos no existen en un escenario determinista, pero en realidad, no solo son compatibles con el determinismo, sino casi triviales de fabricar.
Esta cuestión es algo desconcertante y no llegué a abordarla del todo, en parte porque defendía la compatibilidad del determinismo con un orden causal en el que tienes la libertad de refutar a cualquiera (incluso a una inteligencia laplaciana que sabe todo lo que podría conocerse) con tan solo rascarte la nariz si te dijeran lo que vas a hacer dentro de un minuto. La reflexividad es una parte importante de la explicación, en términos computacionales, de por qué una inteligencia no podría tener éxito en su predicción.

A.L.: He estado leyendo el libro de divulgación científica Spooky action at a distance de George Musser. Parece que la no localidad sigue fascinando a los científicos. Si lo he entendido bien, el entrelazamiento cuántico implicaría que o bien el principio de Heisenberg está equivocado, o bien lo está la teoría de la relatividad. ¿Cómo escapamos de esta nueva trampa conceptual?
J.I.: Buena pregunta. Otro de los gigantescos y magníficos problemas a los que nos enfrentamos es intentar resolver cómo es el mundo y cómo encajamos en él. Creo que el libro de George es excepcional. No creo que la cuestión pueda resolverse sin un cambio de paradigma y espero vivir lo suficiente para verlo cuando ocurra.

A.L.: Me encantaría seguir haciéndole preguntas, pero no quiero robarle más tiempo y he decidido, espero que con absoluta libertad, concluir la entrevista.
J.I.: La física no pone en riesgo la libertad humana. El hecho de que seamos parte de una estructura gobernada por leyes no debería llevarnos a pensar que no tenemos control sobre nuestro destino. Es algo que los compatibilistas como Dan Dennett han estado reclamando durante años; si realmente queremos comprender la libertad humana, deberíamos centrarnos en las nociones de autonomía, autogobierno y autoconstitución. Deberíamos dejar de buscar una habilidad inflada metafísicamente que actúa desde “fuera” del orden causal y entender que nuestra posición “en” el orden causal nos da un control creativo sobre quiénes somos y lo que hacemos. Deberíamos dejar de preocuparnos por los riesgos imaginarios que correría la libertad por culpa de la física y centrarnos en cómo la libertad humana puede verse socavada por factores psicológicos, sociales y políticos. Si he añadido algo a la discusión de Dennett, sería haber mirado más de cerca de los fundamentos de la física. Creo que hay enseñanzas valiosas en la naturaleza de las leyes físicas, la causalidad y el tiempo que pueden ser provechosamente extraídas del pensamiento acerca de cómo los seres humanos encajan en el orden natural.

20 de mayo de 2016

viernes, 8 de abril de 2016

ENTREVISTA CON NATASHA MYERS

Profesora del departamento de antropología de la Universidad de York y autora de Rendering Life Molecular: Models, Modelers, and excitable Matter, una etnografía sobre un grupo interdisciplinar de científicos que investiga sobre estructuras proteínicas.

ANDRÉS LOMEÑA: Su interlocutor Edward y usted distinguen entre cristalógrafos y biólogos moleculares. Los cristalógrafos piensan en las estructuras moleculares como entidades vivas más que como cuerpos rígidos. Usted se ha adiestrado, no obstante, como bióloga molecular. ¿Cómo se interesó en el mundo de la “representación” de las estructuras más que en el de la manipulación genética? ¿Por qué estudió las proteínas y no cualquier otra biomolécula?
NATASHA MYERS: Para empezar, me gustaría señalar que los reinos de la “manipulación” y de la “representación” convergen y es difícil desenredarlos en campos como la genética y la biología molecular, así que no veo los dominios de la “representación” y la “manipulación” como ámbitos verdaderamente distintos.
En realidad, lo que me fascina sobre el modelado de estructuras proteínicas es que añade una dimensión más profunda a nuestras historias “genocéntricas” de la vida celular; esto es, nos mueve de una obsesión unidimensional de la secuencia genética a modelos tridimensionales y animaciones tetradimensionales que reproducen de forma visible lo que me gusta llamar las “prácticas moleculares de las células”. Es evidente que hay otras biomoléculas en la célula: lípidos, azúcares, aminoácidos, ácidos ribonucleicos, etcétera. La novedad que documenta mi libro es el giro en la atención que ha habido en el siglo XXI de unas secuencias genéticas unidimensionales a modelos multidimensionales de moléculas proteicas. Esto es lo que algunos llaman un cambio de la “genómica” a la “proteómica”. Los códigos genéticos son insuficientes para predecir la forma activa de las proteínas, y por ese motivo, cada estructura proteica tiene que determinarse a mano y no con un programa de ordenador automatizado.
Rendering Life Molecular refleja los increíbles esfuerzos de los cristalógrafos de proteínas por hacer visible lo que de otro modo sería un reino imperceptible de movimientos y formas moleculares. Entiendo sus esfuerzos como parte de una práctica para “coagular” las historias que los científicos cuentan sobre “cómo las células conforman la vida”.

A.L.: Me encanta la portada del libro. Es una imagen de La vida interior de la célula. En Internet circula un GIF animado muy similar que muestra la “apariencia” de la felicidad. Me temo que es un error o una falsificación. La representación de los datos es fundamental, pero también puede ser engañosa porque esas visualizaciones pueden servir como un mero atajo para el conocimiento.
N.M.: Esta es una pregunta interesante que trato de resolver. En cierto modo, el libro sostiene que la pregunta que haces no es la pregunta correcta. De hecho, la única diferencia real entre esas dos animaciones es la forma en que se han “relatado”. Es decir, en la animación original hecha para los estudiantes universitarios de Harvard por IN VIVO Studios y desarrollada por David Bolinsky y otros, vemos un conjunto de moléculas empujando una gran estructura detrás de ellas. El narrador no identifica “la carga” transportada por las “proteínas motoras”; para nombrarlas simplemente usa el vago término de “vesículas unidas a la membrana”. La segunda versión a la que te refieres (su origen no está claro, pero parece que lo pudo crear el mismo estudio) coge la misma animación y básicamente bautiza la “vesícula unida a la membrana”, identificándola (correctamente o no) como una “bola de endorfinas”. Ahora las proteínas motoras se representan de tal manera que se ven como transportadoras de las moléculas que supuestamente nos proporcionan “felicidad”.
Tu pregunta es totalmente pertinente porque muestra el controvertido problema con el que se enfrenta el libro, a saber, que importa el modo de explicar el reino molecular y que las historias que contamos pueden cambiar. Historias diferentes producen efectos y significados diferentes. De hecho, conjuran mundos muy distintos. Como antropóloga me interesan las historias que encontramos descollantes, seductoras y significativas, así como las historias que no se han contado. Esta historia sobre la “felicidad molecular” me interesa por el modo en que atrae a las personas y cómo estas hacen circular ampliamente esta visualización.
Hay que tener presente que una animación como esta no es una “representación” directa de lo que hay en la célula, como si hubiera un microscopio y una poderosa cámara de vídeo capaz de ver esos movimientos. El argumento del libro es que todas esas imágenes son “representaciones” y que la creatividad de los científicos, sus intuiciones y su destreza con el lenguaje, las metáforas y la historia son lo que da significado a sus modelos y animaciones. En este sentido, ninguno es un error ni una falsificación, ya que todos los modelos y animaciones con los que trabajan están “construidos”. En varios capítulos del libro se observa que las prácticas de visualización en las ciencias de la vida implican creatividad por parte del científico y que quienes intentan negar la participación del científico en el modelado activo de lo que nosotros terminamos aceptando como un hecho, están cegándose a lo que en realidad pasa en los laboratorios científicos.

A.L.: Mi formación es literaria y sociológica, así que no me asustan sus palabras, pero me pregunto cuál habrá sido la reacción de la comunidad científica después de haber leído su libro. ¿Tiene miedo ante posibles ataques de científicos positivistas? La pueden tomar por una relativista e incluso por una animista de la peor clase.
N.M.: ¡Ay! He aprendido que el miedo no es un gran lugar en el que estar, máxime cuando se trata de la escritura. Nunca escribiríamos nada si tuviéramos miedo a molestar a nuestros lectores. Aunque espero que los científicos lean el libro, este ensayo está dirigido principalmente a académicos del campo de los estudios sobre la ciencia y la tecnología (STS en inglés), la historia y la antropología de la ciencia y la tecnología, y a aquellos que estén interesados por la materialidad, la objetividad y la cultura visual. Quiero que sea entretenido para los científicos, y también que sea útil a la hora de pensar sobre la pedagogía y la visualización en sus respectivos campos, pero también tengo la responsabilidad de conectar con los conceptos que desarrollan los académicos y estudiantes con quienes converso.
Los científicos pueden disfrutar el libro porque es un estudio que celebra sus esfuerzos por hacer emerger un reino tangible y maleable. El libro agradece a los científicos que hayan enseñado a antropólogos, historiadores y demás académicos nuevas ideas sobre la objetividad y la materialidad. Un aspecto importante de Rendering Life Molecular es que escucha con atención todas las formas que usan los científicos para hablar y pensar sobre las moléculas. Parte de lo que piensan, dicen y hacen sigue las pautas convencionales de la lógica mecanicista que domina las ciencias de la vida en la actualidad. En otras ocasiones, los científicos describen sus moléculas como cuerpos vívidos y astutos. He registrado tanto las historias de los científicos que cumplen el guion como aquellas que exceden las formas convencionales para mostrar que el neodarwinismo no es la lógica hegemónica; esa forma de pensar y hablar no es el único mecanismo que tienen los científicos para contar historias sobre el reino molecular. Amplifico los registros que de otro modo quedarían silenciados y vemos que los modeladores de proteínas cuentan historias sobre moléculas que desmienten la idea de un reino de la vida totalmente congelado por la mirada científica.
Los investigadores prefieren que los estudiantes o el público no oigan estas historias, pero aunque a veces sean negadas o reprobadas, están entre las que se cuentan. Mi trabajo como antropóloga consiste en documentarlo todo y dar sentido a la manera en que los científicos dicen y hacen más de lo que pueden querer decir o hacer. En este sentido, me interesa ayudar a un público más amplio a ver lo que los científicos siempre han sabido: que la práctica científica es muy distinta a lo que habíamos pensado durante mucho tiempo.

A.L.: Me sorprendió el caso de la trombina (una enzima que se forma como parte del proceso de coagulación de la sangre). Hallaron dos estructuras cristalinas diferentes para la trombina y ambas eran correctas. Esto es chocante para una mente positivista.
N.M.: No estoy de acuerdo con que esos hallazgos sean impactantes para las mentes positivistas. De hecho, si reconsideramos la “objetividad” como una práctica que intenta conservar su valor de “verdad” respecto a las formas que adoptan los objetos en sus diferentes entornos, entonces los esfuerzos por sintonizar más cuidadosamente con las múltiples formas que adquieren las moléculas en las células hacen que esos científicos sean incluso más “objetivos”. Muchos científicos con los que he trabajado reconocen que apoyándose en una tecnología de visualización estática como la cristalografía de proteínas (que modela una estructura molecular simple promediando las diversas formas que una molécula adopta dentro de un cristal dado) solamente te dará una “instantánea” de lo que todos reconocen como un objeto dinámico.
La historia sobre la publicación simultánea de dos estructuras cristalográficas distintas de la misma molécula (la trombina) ha proporcionado un buen ejemplo a los investigadores. Los dos modelos se aceptan como “correctos”. Uniendo ambos modelos, y pensando en que cada modelo podría ser una de las muchas expresiones de un ensamblaje molecular, los investigadores pueden afirmar que el modelado molecular requiere una tecnología de visualización dinámica que mantenga el ritmo del rápido despliegue y repliegue de las formas proteicas que están en curso en una célula en cualquier momento.

A.L.: Su libro rechaza el llamado dogma central de la biología molecular (la unidireccionalidad en la transmisión de la información contenida en los genes de una célula) y esa posición ha de tener consecuencias para el determinismo y el neodarwinismo.
N.M.: Una de las ideas subyacentes del libro es la manera en que la biología estructural y los modeladores de proteínas han articulado una crítica a los modelos genocéntricos, en concreto al pensamiento neodarwinista que ha entronizado a los genes como los principales actores en todas las historias sobre la vida. Lo que aprendí de las historias que me contaron los modeladores de proteínas es que el dogma central fracasa precisamente porque la estructura activa de las proteínas no puede ser directamente predicha por el ADN.
El dogma central, que establece que la información en la célula se mueve del ADN al ARN y a la proteína, implica que los genes controlan todo el proceso de la vida. Esta “información” no se transmite directamente. Las proteínas se pliegan de maneras impredecibles. Las historias que me cuentan sugieren que las proteínas “saben cómo plegarse”, que tienen como una especie de astuta capacidad de acción, una vida que desafía la lógica mecanicista en la que el neodarwinismo hunde sus raíces. He desarrollado algunos de estos pensamientos tanto en el libro como en un artículo sobre Darwin y la ecología evolucionista, que se encuadra dentro de mi nueva investigación sobre la sensibilidad de las plantas. Los lectores que tengan curiosidad pueden leer el texto que coescribí con la historiadora Carla Hustak aquí:
https://www.academia.edu/2392196/Involutionary_Momentum_Affective_Ecologies_and_the_Sciences_of_Plant_Insect_Encounters_with_Carla_Hustak

A.L.: Alguien debería adentrarse en la física teórica para representar el zoo de las partículas. Parece el siguiente paso para avanzar en la antropología de las ciencias duras. Ya que ha comentado su trabajo sobre la sensibilidad de las plantas, ¿qué nos puede decir sobre él?
N.M.: Un zoo molecular sería una gran idea para un proyecto artístico. En cierto modo, veo el Banco de Datos de Proteínas como una especie de zoo, una colección de una gran cantidad de formas y estructuras moleculares.
Mi nuevo trabajo trata sobre la sensibilidad y la ecología de las plantas. He estado pensando en la sensibilidad de las plantas y en su “sintiencia” durante veinte años. Me enamoré de las plantas a finales de los noventa, cuando estaba aprendiendo como botánica; a través de mi trabajo como artista experimenté con la danza para acercarme a sus movimientos, gestos y acciones. Ahora que trabajo como antropóloga, me interesa lo que científicos como Stefano Mancuso (y muchos otros en el campo del comportamiento vegetal) piensan sobre las sensaciones de las plantas, cómo llevan a cabo experimentos y cómo hablan sobre sus descubrimientos. También estoy trabajando con artistas que están interesados en implementar conceptos científicos sobre la sensibilidad de las plantas en sus instalaciones. Los artistas son especialmente interesantes porque sus historias no están tan constreñidas por la lógica mecanicista como en el caso de los científicos. Mi nueva investigación sobre este asunto puede encontrarse en el artículo Conversations on Plant Sensing: Notes from the Field, que documenta los desafíos de encontrar un lenguaje compartido para hablar sobre el fenómeno de las señales, sensaciones y sintiencia de las plantas:
https://www.academia.edu/16543355/Conversations_on_Plant_Sensing_Notes_from_the_field
Este verano espero escribir el primer borrador de un libro sobre cómo los botánicos y los artistas de plantas armonizan con el rico reino sensorial de la vida vegetal. Más allá de eso, estoy trabajando en un proyecto a largo plazo sobre la ecología de las plantas. Trato de encontrar métodos antropológicos para establecer una conversación con la ecología y el arte. Estoy trabajando con un viejo roble negro que crece en la sabana de un placentero parque de Toronto de cuatrocientos acres conocido como High Park. Colaboro con conservacionistas, naturalistas, artistas y entusiastas de la naturaleza en general, para aprender cómo contar historias ancestrales del encuentro “naturcultural” que ha tomado forma en este lugar a través de asociaciones íntimas milenarias entre las plantas y las personas. Me interesa documentar las “ecologías afectivas” que toman forma entre las criaturas que viven allí, incluyendo a las personas que activamente cuidan la tierra y se preocupan por su futuro.
También me interesa saber qué pueden enseñarnos las plantas sobre cómo vivir bien en este planeta. He acuñado el término “plantoceno” como un antídoto al concepto antropocéntrico del antropoceno, con la esperanza de que podamos aspirar a salir de las relaciones extractivas y de explotación con la naturaleza que están acelerando rápidamente nuestro declive. El plantoceno aspira a una era en la que las personas aprendan de una vez por todas a colaborar con las plantas. Puedes echar un vistazo a mi nuevo artículo, que considera la fotosíntesis como una palabra clave que todos deberíamos aprender cuando intentemos luchar contra el futuro apocalíptico que nos promete el pensamiento del antropoceno: http://www.culanth.org/fieldsights/790-photosynthesis

8 de abril de 2016
Andrés Lomeña

viernes, 5 de febrero de 2016

ENTREVISTA CON JOHN GRIBBIN

Astrofísico y divulgador científico, autor de En busca del multiverso y de una biografía sobre la revolución cuántica de Erwin Schrödinger.

ANDRÉS LOMEÑA: Hay una larga lista de universos posibles, desde los modelos de Friedmann-Lemaître hasta los universos isla de Kant, pasando por Thomas Wright, Einstein, Wallace (el biólogo), Lord Kelvin o Gödel y su idea de los viajes en el tiempo. ¿Qué modelo de universo considera más plausible? Yo desconfío de los muchos mundos de Hugh Everett.
JOHN GRIBBIN: No estoy a favor de la versión de Everett porque implica “duplicación”. Prefiero la versión de Schrödinger, que señaló a principios de los años cincuenta que no hay “colapso de la función de onda” y que todas las versiones de los agentes de la realidad existen. Por ejemplo, en el famoso experimento mental del gato no hay un único gato que luego se divide en dos (uno muerto y uno vivo), sino que siempre hay dos universos, en uno de los cuales el gato muere mientras que en el otro vive. David Deutsch y Julian Barbour son teóricos más modernos con ideas similares.

A.L.: Hablamos de universos paralelos de forma un tanto confusa. Los llamados universos burbuja no serían “dimensiones ocultas”, sino porciones de un macrouniverso. ¿Es así?
J.G.: He discutido las posibles versiones de otros universos en mi libro En busca del multiverso. Al igual que tú, no creo que los trozos del universo que están separados de nosotros por el espacio sean diferentes universos. Creo en las alternativas de la física cuántica como otros universos reales. De manera más especulativa, la idea del “paisaje cósmico” sostiene que todas las soluciones posibles a la teoría de cuerdas (la teoría M) existirían en algún superespacio multidimensional. Esto nos lleva a la idea de la cosmología antrópica, que dice que vivimos en el tipo de universo que vemos a nuestro alrededor porque las formas de vida como la nuestra solamente pueden existir en un universo como este.

A.L.: Los universos burbuja podrían tener diferentes leyes físicas. ¿Qué pasaría si colisionan varios universos?
J.G.: Estos universos burbuja se expanden como las burbujas de una botella de champán cuando la abres. Si las burbujas colisionan, dejan una marca con forma de anillo en la radiación cósmica de fondo. Los astrónomos buscan activamente alguna evidencia de ese efecto.

A.L.: ¿Nos ayuda el descubrimiento de nuevas partículas al entendimiento del universo?
J.G.: Los físicos disfrutan cuando surge algo inesperado. Si el modelo estándar está equivocado, esto significa más trabajo y más cosas que descubrir. Lo más aburrido es que se cumplan las predicciones.

A.L.: ¿De qué trata su libro 13.8?
J.G.: 13.8 trata sobre la edad del universo. La clave está en que las estrellas más antiguas del universo son algo más jóvenes que el propio universo, una evidencia clara de que la ciencia funciona.

5 de febrero de 2016
Andrés Lomeña

domingo, 17 de enero de 2016

ENTREVISTA CON DEIDRE SHAUNA LYNCH

De la sinopsis de LOVING LITERATURE:

Una de las mayores acusaciones que se le hacen a los críticos de la literatura es que en realidad no "aman" los libros. Es fácil refutar una afirmación así, pero hay una pregunta fundamental que queda sin responderse: ¿Acaso deberían?

ENTREVISTA CON DEIDRE SHAUNA LYNCH

ANDRÉS LOMEÑA: Su libro Loving literature es una historia que se remonta a los estudios literarios de los siglos XVIII y XIX. ¿Cuál fue su primer amor, o su amor a primera vista, para escribir esta obra?
DEIDRE SHAUNA LYNCH: Loving Literature tiene múltiples orígenes, pero muchos tienen que ver con mi trabajo en clase. Por ejemplo, suelo impartir una asignatura sobre Jane Austen, cuya obra, especialmente en el último siglo, ha provocado tanto entusiasmo que la palabra “janeita” se acuñó para nombrar a la más entusiasta de las devotas de una autora canónica a la vez que popular. En mi primera clase sobre Austen siempre digo a los estudiantes que uno de nuestros proyectos será explorar la relación entre “estudiar a los autores” y “amar a los autores”; además, los prevengo contra la presunción de que esas dos tareas no puedan ser actividades complementarias o contra la idea de que haciendo lo primero estás acabando con lo segundo.
Al mismo tiempo, doy clases de literatura sobre una etapa anterior a que Austen publicara sus novelas, algo que el público general vio durante mucho tiempo como el más desapasionado de los siglos, una especie de terra incognita. La literatura del siglo XVIII, tal y como admitiría la mayoría de los especialistas de ese periodo, puede ser difícil de vender a los estudiantes: está situada en el intervalo de la historia literaria inglesa que va desde los siglos XVI y XVII, la era de Spenser, Shakespeare y Milton, hasta el periodo romántico, que tiene autores de la talla de Wordsworth, Keats y la propia Austen. El contraste entre las expectativas que tienen los estudiantes con mi clase sobre Austen y las que tienen con mi clase sobre literatura inglesa del XVIII es algo muy llamativo. Ese periodo es escaso en poesía lírica: buena parte de la escritura es sátira y cae en lo grotesco más que en lo bello o lo sublime. Las novelas no parecen lo que deberían ser para aquellos lectores que están pensando en George Eliot o Henry James como los autores que definen el género. Puede que los profesores de ese periodo sean más proclives a decidir que el amor no puede ser toda la historia de nuestra relación con el pasado cultural. Dicho de otra manera, los estudiantes que llegan a las clases sobre el siglo XVIII son los que aprenden que se pueden hacer otras cosas con los textos además de sentirse identificados con ellos. Al final aprenden que la identificación no es el único motivo posible para la admiración.

A.L.: Si la he entendido bien, su obra muestra la dicotomía entre placer y profesionalización y cómo los estudios literarios tratan de definirse a sí mismos para alcanzar una objetividad ilusoria.
D.S.L.: No creo que esté de acuerdo en que la profesionalización y el placer se manifiesten como una relación dicotómica. Diría que se trata, más bien, de una relación dialéctica. En la investigación de este libro aprendí que, durante los dos últimos siglos, muchas de las figuras fundadoras de los estudios literarios ingleses han sido, a su manera, lo que la cultura sentimental del XVIII llamó “hombres sensibles”. Desde el poeta Thomas Warton, los historiadores literarios han reconocido e incluso disfrutado de la paradójica forma de invertir su trabajo intelectual en escritos imaginativos y llenos de pasiones cuya naturaleza consiste en apartar las demandas del intelecto.
También creo que los profesionales experimentan mucha envidia por lo amateur. Por ese motivo, aunque no es el único, los lectores profesionales gastan mucho tiempo pensando en los procesos cognitivos implicados en la lectura profana. Ian Reid (Wordsworth and the Formation of English Studies) escribe sobre la alargada sombra que proyecta la poesía de Wordsworth en la educación literaria anglo-americana de finales del XIX. Al igual que Wordsworth, cuyos célebres lamentos reflejan la pérdida de la infancia y de la forma inocente de ver (como el “esplendor en la hierba” de su oda a la inmortalidad), los profesionales sienten nostalgia por la relación que tenían con los libros antes de un entrenamiento profesional en el que la crítica y el escepticismo es la actitud afectiva requerida. Para ciertos profesionales la nostalgia podría ser una forma de definirse como auténticos profesionales, sobre todo en una disciplina que con frecuencia ha tenido problemas para establecerse como una disciplina “apropiada” (por ser una de las “zonas erógenas” de la universidad).

A.L.: Aún recuerdo que algunos profesores decían de otros académicos que no sabían amar la literatura porque estaban más enamorados de Derrida o Foucault que de Cervantes o Shakespeare. Antoine Compagnon llamó a este fenómeno el demonio de la teoría… y a mí ese demonio me visita a menudo: a veces tengo más interés por leer las investigaciones literarias de Stephen Greenblatt que por leer una buena novela. Es más, tengo cada vez más dificultades para leer ficción y más interés por leer teoría. Es como si la crítica literaria obstaculizara el placer por la lectura. ¿Cómo nos enfrentamos a esta ambivalencia?
D.S.L.: Cuando yo era estudiante también escuché la misma cantinela sobre cómo el postestructuralismo (y más tarde los estudios culturales) conjuraba el final del amor por la literatura. Lo maravilloso de tu pregunta es que al admitir esa fascinación por la teoría y la crítica, también estás repudiando lo que algunos comentaristas (normalmente conservadores) parecen asumir, a saber, que la teoría era solamente para tecnócratas egoístas con el corazón helado. Ese prejuicio no encaja con el ardor y la devoción de aquellos enamorados de la teoría a los que he conocido, incluyéndome a mí.
Volviendo a mi respuesta anterior, diría que hay algo de nostalgia en la anécdota sobre tu relación con la lectura de ficciones, como si la madurez trajera necesariamente la pérdida de la pasión. Yo me suelo enamorar de los textos que enseño una y otra vez porque adoro lo que mis estudiantes aman (es un extraño triángulo amoroso). Espero que haya disponibles innumerables tipos de placer en la lectura y que, si perdemos los placeres “inocentes”, al menos ganemos la capacidad de experimentar otras formas de placer.

A.L.: Me gustaría aclarar su tesis sobre aquellos que ayudan a definir el canon en la historia de la literatura. Sostiene, según creo, que el canon literario se construyó mediante una relación específica con la literatura. Por ejemplo, algunas novela góticas se estructuraron como una elegía sobre la muerte de la literatura. ¿Cómo explicaría esa difícil relación entre nuestro amor hacia la literatura y la construcción de un canon supuestamente objetivo? En la actualidad no hay un verdadero canon, quizás porque el feminismo o la teoría queer son anti-hegemónicos y no quieren contribuir de ninguna forma a una nueva hegemonía.
D.S.L.: El canon siempre conlleva la idea del pasado: Samuel Johnson dijo que la prueba del tiempo era lo que se necesitaba para ver si las obras tenían realmente algún valor literario. Las ideas de canonicidad y las ideas sobre la muerte han estado entrelazadas. Las novelistas góticas inglesas de finales del XVIII y principios del XIX (muy alejadas del canon porque practicaban un género muy cuestionado en aquella época) encontraron formas increíbles de explotar esa asociación. Tienes razón al sugerir que hoy en día la misma noción de canonicidad se ha visto socavada de muchas maneras (esta es solo una respuesta parcial a tu maravillosa pregunta, pues necesitaría todo un libro para responder adecuadamente). Mi suposición es que este cambio no es tanto una consecuencia del empuje anti-hegemónico de las teorías actuales como de Internet, donde están disponibles tantos y tantos textos digitalizados, lo que opera como un gran igualador de las antiguas jerarquías. Las tecnologías del siglo XXI que nos permiten ir de un texto a otro con hacer un click erosionan las fronteras entre los textos. Geoffrey Nunberg dijo hace mucho tiempo que para movernos entre documentos web no necesitamos ninguna diferencia material entre el enlace que nos lleva al siguiente capítulo y el enlace que nos lleva a un capítulo anterior o a un comentario crítico, incluso si esos textos enlazados están colocados en diferentes páginas.

A.L.: ¿Qué piensa del extraño amor de las humanidades digitales por la literatura? Algunos humanistas digitales se definen como analistas cuantitativos literarios [literary quants].
D.S.L.: No estoy segura de que los humanistas digitales sean “quants”, aunque generalmente es la manera que tienen de presentarse a sus superiores para obtener subvenciones. Algunos académicos como Andrew Piper, director del .txtLab de la Universidad McGill de Montreal, han expresado un asombro sincero ante lo que les han revelado sus investigaciones sobre una parte de la literatura del pasado. Estoy convencida de que la valoración de lo estético también puede prosperar en esas comunidades académicas. El cambio de escala no tiene por qué eliminar ninguna relación afectiva. De hecho, Piper ha defendido que la lectura atenta y la distante no deberían ser categorías binarias, sino que ambas pueden integrarse en nuestros modelos críticos.

A.L.: Me quedo con la duda de si son viables las relaciones poliamorosas en la literatura.
D.S.L.: Lo malo de leer un gran libro es que en algún momento, para llegar al final, tienes que abandonar otras obras.

17 de enero de 2016
Andrés Lomeña